Juan Federico Arriola | Domingo 28 de febrero de 2010
"El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente." Lord Acton.
Con esta contundente frase, el jurista sevillano y actualmente investigador en la Universidad Nacional Autónoma de México, Rafael Márquez Piñero, terminó el prólogo que escribió a mi libro Teoría general de la dictadura publicado por Trillas cuya primera edición es de enero de 1994.
Y creo que Lord Acton tiene razón en gran medida. El poder hechiza a los hombres y mujeres que lo ocupan, el poder tiene mala prensa y una historia con mucha corrupción. Empero, todavía creo en la libertad y por supuesto en la ética y es posible y se ha demostrado históricamente que algunos cuantos hombres y mujeres no han enloquecido con el poder.
Recientemente ha salido un nuevo libro sobre el poder que se titula: PODER, CLAUSURA DE LA ÉTICA, escrito por un hombre de letras argentino que reside en México. Su nombre es Jorge Núñez. Él es un hombre especialmente sensible al tema, porque fue una de tantas víctimas de la atroz dictadura militar argentina y porque como escritor entiende mejor la dificil condición humana.
Este nuevo libro no es una obra académica de rigor, con pies de página y un aparato crítico que lo sustente, es la versión de un hombre que ha vivido y visto mucho. Por supuesto, hay un conocimiento de la historia y de la política por parte del autor. Algunos de sus análisis van acompañados con pensamientos de intelectuales de peso completo, como son José Ortega y Gasset y Pablo Neruda entre otros. Y aunque no esté de acuerdo en algunos de sus postulados, le respeto mucho precisamente por su coraje de vida, de denuncia y de crítica. Su simpatía por Giordano Bruno es legítima y la comparto totalmente. Aquel proceso en contra del célebre dominico en 1600 merece una revisión por parte de la Iglesia Católica.
En realidad estoy de acuerdo con Núñez en el 99% de lo que escribe en PODER, CLAUSURA DE LA ÉTICA. Más bien, no estoy de acuerdo con algunos de sus silencios. El análisis de lo que llama Núñez poderes fácticos es cierto pero sólo lo ve en regímenes de derecha. Se ve claramente como los factores reales de poder inciden en las decisiones políticas, incluso en la Cuba "socialista, ya que importantes capitales de España y México operan en diversas líneas económicas: turismo, petróleo, telecomunicaciones, etcétera.
Vamos por partes. Núñez afirma que a partir de los años treinta del siglo pasado en Iberoamérica ha habido golpes de Estado que han detenido el desarrollo político de los pueblos, salvo la ejemplar Costa Rica, que es el país más estable y menos desigual de Iberoamérica. En realidad desde antes hubo golpes de Estado que frenaron la democracia en el siglo XX. En México en 1920 hubo un golpe de Estado que triunfó de un grupo revolucionario en contra del gobierno revolucionario de Venustiano Carranza. Pero mi disenso va más allá: no sólo los golpes de Estado han generado sistemas autocráticos, también las revoluciones se han desviado y la concentración de poder ha sido veneno para la democracia y los derechos humanos. El caso cubano con los hermanos Castro aferrados al poder por más de medio siglo y con una política cerrada en contra de los derechos más elementales como son expresión, asociación política y libertad de tránsito, me hace decir precisamente que también los revolucionarios en el poder han clausurado la ética, precisamente al negar espacios para la democracia. El comunismo no es democracia. El propio Marx nunca creyó en la democracia y su esquema socialista no encaja con el modelo democrático.Engels en cambio, quería que los partidos comunistas tuviesen un manejo interno democrático, aunque tampoco creyó en la democracia, precisamente porque la consideraban burguesa y liberal.
Efectivamente el poder es tremendo. Núñez habla de Hitler uno de los grandes ogros y genocidas, de Franco y las dictaduras de derecha en Iberoamérica, apoya a Dubcek -y yo también- en su política de apertura checoslovaca en contra de la dictadura soviética, pero no nos dice nada sobre el otro gran ogro del siglo XX: Stalin, quien fue el gran traidor del socialismo al pactar con Hitler. Luego entonces el traidor no fue Trotsky, sino Stalin quien además mató a casi todos sus colegas soviéticos que formaban parte del Politburó y a los comunistas alemanes que creyeron en él. Stalin fue el principal responsable de la represión en contra de los anarquistas españoles en la terrible guerra civil.
La democracia parece una ilusión. En realidad el libro oportuno y bien escrito de Núñez me ha reforzado en mi tesis de que el poder tiene muy mala fama. No dejo de creer en la autoridad moral y epistemológica de algunos líderes sociales, culturales, deportivos o incluso algún lider empresarial en el mundo, pero el poder me genera repulsión. Núñez me dio más argumentos en contra del poder, aunque él tiene mayor confianza en
algunos personajes de Iberoamérica que veo con desconfianza.
Este libro publicado por Ediciones Corregidor en Buenos Aires debe incluirse en la bibliografía sobre el poder. El poder está cada vez más lejos de la ética y los derechos humanos y más cerca del infierno.
Una pregunta para el autor del libro: ¿Cómo se le debe llamar a la persona que no cree en el poder y por tanto ya no puede ser encasillada en izquierda o derecha, simplemente no cree en el poder? Si no es anarquista, ¿con qué nombre debe denominársele?
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