José Manuel Cuenca Toribio | Lunes 01 de marzo de 2010
Uno de los máximos testigos del siglo pasado, André Malraux, acostumbraba a decir que “el valor es una patria”. En la mentalidad de un pueblo de temperamento tan indomable y definido como el inglés, la valentía física suele estimarse como el núcleo en torno al cual se configuran los caracteres más recios.
Pocas discrepancias, desde luego, admiten dichas apreciaciones. En su doble dimensión, el valor es una de las cualidades más atractivas del hombre o la mujer y en la que se fundamenta una gran parte de su comportamiento. En la sociedad actual, su cotización quizás sea menor que la alcanzada en otras épocas, con palmario perjuicio para su salud. La causa de este fenómeno colectivo es resulta algo arduo de establecer debido a su delicuescencia, ya que se encuentra muy extendida por amplias parcelas de los mores y costumbres que rigen el presente.
Con todo, tal vez sea la falta de firmes condiciones la raíz esencial de la desvaloración del valor en los tiempos que corren. Envuelto en la duda, zarandeado por la incertidumbre, impresionado por los cambios espectaculares de su entorno, es lógico que el hombre de hodierno no halle fácilmente motivos para la afirmación y el testimonio. Existen, afortunadamente todavía, grandes causas por las que luchar, mas para los integrantes de las comunidades desarrolladas estas se sitúan, por lo demás, muy lejos, fuera del alcance de su quehacer cuotidiano. E incluso esas airosas banderas se ofrecen muchas veces manipuladas por los poderes ocultos del dinero, la política o la información, y no invitan por ello a esfuerzos o sacrificios de entidad.
Lógicamente, tal clima propicia las dimisiones colectivas e individuales y favorece un relativismo brotado más de un talante escéptico, si no cínico, que de un esfuerzo comprensivo o irenista. De ahí, que ya en la vida pública, en la defensa de una anciano atacado alevosamente o en la tribuna - periodística, parlamentaria, institucional- en la solidaridad con la víctima o el débil, el valor físico y ético provoque la sorpresa primero y, luego, el silencio o el olvido en una conciencia colectiva que se siente obscuramente agredida con su expresión.
Otro gran francés del novecientos, el judío que fuera cardenal de París, Mons. Jean Marie Lustiger habló en varias ocasiones de la honda impresión que le provocara el pánico que invadió a casi todos los intelectuales relevantes de su país durante las jornadas del Mayo del 68, al rivalizar en un penoso torneo de palinodias y abdicaciones. También, en efecto, el ejercicio de la inteligencia debe de basarse en un mínimo de coraje físico y moral. Los recuerdos de un egregio pensador en continua alza desde largo tiempo atrás, el vizconde Alexis de Tocqueville, sobre la revolución del 1848 dan fe de un valor sereno ante el peligro; en cambio los de otro intelectual de raza, Manuel Azaña, acerca de la guerra civil de 1936 apenas si pueden encubrir la cobardía que le impediera ser el gran gobernante que sus cualidades hiciesen, un día, imaginar.
Ningún liderazgo político o social puede conquistarse ni mantenerse sin una fuerte dosis de valentía, cualidad indispensable, aunque no suficiente, para legitimar o labrar el mando de las sociedades, ya que si así fuese se estaría entonando una constante apología del militarismo y las dictaduras castrenses. El denominado hasta ha poco “sexo débil” refrenda el argumento de las presentes líneas. Pertenece a la experiencia diaria la comprobación del alto valor de la mujer, sobre todo, en los trances y coyunturas extremas. Así, la política del último medio siglo se ha convertido en un buen campo de prueba de lo expuesto. Los ejemplos de Margaret Tatcher, Bhutto o Bacheler, secundados en todos los escalones de la presponsabilidad pública por millones de mujeres, asó lo evidencian. Su admirable coraje está transformando el campo de Agramante de la política en un lugar cada vez más penetrado de solidez ética e ideológica, haciendo, por contera, una vez más, la frase de Marx Twain que “Allí donde estuvo Eva, allí estuvo el Paraíso”.
TEMAS RELACIONADOS: