Opinión

Esto no tiene arreglo punto es

Alejandra Ruiz-Hermosilla | Jueves 04 de marzo de 2010
Háganme el favor de leer el siguiente párrafo en voz alta y con acento argentino, que así tiene más gracia.

Ni entre todos, ni con ellos, ni sin ellos, ni el Gobierno, ni el PP, ni los sindicatos, ni los empresarios, ni las cámaras de comercio, ni los famosos, ni usted, ni yo… “esto” no tiene arreglo por mucha campaña de publicidad que le apliquemos.

“Esto” es como la fea que, antes de salir a cenar una noche, dice: “Me voy a arreglar”. Quien la escuche pensará que para qué el esfuerzo si por mucho que se peine, se maquille, se perfume y se ponga ropa bonita seguirá siendo fea como la mona vestida de seda. Ella necesitaría una intervención quirúrgica invasiva y dolorosa de reducción, reconversión, restructuración y estiramiento de pies a cabeza. Y a “esto” le pasa lo mismo, que no se puede arreglar con adornos, parches, trampas, retoques, coberturas, reubicaciones, optimismo, buenas intenciones… La economía española necesita una amplísima reforma estructural, según todos los expertos que han tenido a bien analizar la crisis que padecemos, cuyo efecto más dramático son cuatro millones largos de parados.

Quizá por eso, porque no se trata de un retoque sino de un renacer, en España y en materia económica ninguno de los que tienen el poder de cambiar un sistema económico de arriba abajo se ponen de acuerdo. Se dedican a discutir hasta el infinito y más allá sobre la idoneidad del último aclarado con agua fría, de la base líquida o en polvo, de acortar la falda o subir el tacón, pero ninguno llama al cirujano, reserva quirófano, se chuta la anestesia, se enfrenta al postoperatorio y encima da explicaciones.

El Gobierno y la oposición no coinciden en sus trucos de belleza como no lo hacen los sindicatos con los empresarios, ni las cámaras de comercio, las grandes empresas y cuatro famosos con las asociaciones de parados, los mileuristas, usted y yo. Y no es relevante porque, aunque lograran el pacto convocado como remedio de todos los males, la mona se quedaría mona. “Esto” no es un problema de chapa y pintura, señora, es de motor. Se necesita con urgencia un valiente que se meta en faena mientras los demás limpiamos la tapicería y ponemos la gasolina.

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