Jueves 04 de marzo de 2010
Ayer daba comienzo la ronda de contactos entre el Gobierno y las fuerzas políticas con representación parlamentaria con un acuerdo sobre medidas anticrisis como telón de fondo. La primera cita era la más importante, ya que a ella estaban convocados PP y CIU, a la sazón los dos partidos clave a la hora de un eventual pacto. Pero dicho pacto parece bastante lejano en el horizonte, por más que el optimismo de Elena Salgado dejase traducir otra cosa. Y ello es así porque los socialistas no han movido prácticamente una coma de lo que han sido sus recetas económicas de los últimos tiempos, por cuya causa en gran medida la economía española está como está.
Consecuentemente, la opinión del PP sobre la reunión era bastante más pesimista que la del Gobierno, no ya por la diferencia de criterios, sino por lo inamovible de éstos. En base a lo anterior, tienen razón los populares al no albergar demasiado optimismo sobre el fruto de estos contactos. Es de cajón; si con lo que se ha hecho hasta ahora las cosas van de mal en peor, lo suyo es variar la manera de hacer esas cosas, y no seguir en esa misma línea. Atacar a las ya de por sí castigadas economías domésticas aumentando el tipo de gravamen del IVA sólo puede traducirse en un retraimiento del consumo si cabe aún mayor. Al mismo tiempo, si el “ladrillo” era el problema -tal era el mensaje que machaconamente se repetía desde Ferraz-, cómo puede ser que de la noche a la mañana pase a ser la solución.
No es una cuestión de ideologías políticas o de siglas partidistas; es simplemente que si el Gobierno se empeña en orquestar una serie de reuniones de bajo contenido cuyo único fin es la foto de después, ninguna fuerza política debería pactar nada. Y eso que en los tiempos que corren, el acuerdo entre los distintos partidos se antoja más necesario que nunca. Pero acuerdos en base a soluciones concretas, nuevas y eficaces, y no más de lo mismo. Además, cuesta entender cuáles son las razones que han movido al Presidente del Gobierno a llevar a cabo los contactos fuera de la sede parlamentaria, cuando precisamente el Parlamento es el lugar habilitado para que los grupos políticos desarrollen su actividad sin externalizaciones peregrinas.
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