Opinión

Moratinos o como perder la dignidad y los intereses

Viernes 05 de marzo de 2010
En cualquier país del mundo, la acusación a un presidente electo de colaborar activamente con el terrorismo de otro país diferente al suyo originaría un escándalo de considerables dimensiones. Pero España es diferente, y no digamos Venezuela. Desde que a principios de semana se tuvo conocimiento de la estrecha relación de Hugo Chávez con ETA y las FARC -lo cual, por otro lado, era un secreto a voces-, Caracas y Madrid parecen empeñadas en mirar hacia otro lado. Quizá desde el lado venezolano no tanto, pero ello se debe única y exclusivamente a la megalomanía de su líder, que ha visto en las acusaciones de la Audiencia Nacional una excusa perfecta para dar rienda suelta a su verborrea televisiva.

Y ha sido precisamente ante las cámaras donde Chávez, con su negativa a dar explicaciones, ha puesto al Gobierno español en la tesitura de tener que darlas urgentemente. Ello es así porque Chávez aseguraba que Moratinos únicamente le trasladó su “comprensión” y le recalcó que “eso era cosa del poder judicial, y no del ejecutivo”. Parece que al caudillo bolivariano le hace gracia la separación de poderes, quizá porque en su país la democracia en versión occidental dejó de funcionar coincidiendo con su llegada al poder. Pero tiene razón; en España Ejecutivo y Legislativo son independientes del Judicial y viceversa -al menos, por ahora-.

Abundando en lo anterior, es el turno ahora del ministro Moratinos, tan complaciente siempre con Cuba y Venezuela. El debe explicar porque el Gobierno español no ha reaccionado con la contundencia que merecen las acusaciones contra Chávez. Acusaciones que, dicho sea de paso, eran algo sabido desde hace mucho tiempo; el mismo que llevan cobijados en Venezuela terroristas de ETA con delitos de sangre. Y desde luego que hay intereses comerciales que proteger pero la mejor manera de hacerlo es poner límites al desafuero. La impunidad ante la agresión y la vejación es una manera de remunerar conductas progresivamente dañinas y huérfanas de una elemental dignidad. Esa misma dignidad que merecen las casi mil víctimas mortales de ETA, que asisten impotentes al espectáculo de ver cómo el gobierno venezolano acoge, protege y, al parecer, colabora con los verdugos de sus seres queridos, mientras el Gobierno español, siempre genuflexo ante Chávez., se lava las manos. El deshonor no evitará ataques a nuestros intereses. Moratinos tendrá las dos cosas: deshonor y progresiva erosión de nuestros intereses. Es un error y es intolerable.

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