reseña
Sábado 06 de marzo de 2010
Paul Roberts: El hambre que viene. La crisis alimentaria y sus consecuencias. Traducción de Gotzone Pérez. Ediciones B. Barcelona, 2009. 620 páginas. 20 €
Vivimos tiempos de incertidumbre en un escenario de globalización que ofrece nuevas oportunidades, pero también incógnitas por descifrar. El progresivo avance tecnológico y el veloz aumento del conocimiento y la ciencia tropiezan con momentos de inseguridad y malestar que atraviesan múltiples dimensiones: crisis económica, crisis energética y, en el libro que nos ocupa, crisis alimentaria.
Paul Roberts, periodista especializado en la conflictiva relación entre la economía y el medio ambiente, ya había expresado su preocupación por la deriva planetaria en su anterior libro, El fin del petróleo, donde exponía la dependencia que tenemos de los combustibles fósiles y el problema económico que suponen los altos precios del petróleo, que parecen haber venido para quedarse. En El hambre que viene, expone, de acuerdo con su dinámica argumentativa anterior, el fin de la “Edad de Oro” de la alimentación; un período con productos abundantes, seguros y, en definitiva, de mayor calidad.
El aumento de la producción y la consiguiente reducción de los precios han generado una sobreabundancia que, a pesar de no erradicar el hambre a nivel global, ha supuesto una mejora en la variedad y calidad nutritiva. Pero este escenario favorable parece llegar a su fin; límites en la producción causados por el encarecimiento de la energía y la contaminación de los acuíferos, y límites en la disponibilidad de agua abundante que impide responder al aumento de las necesidades de la población mundial. El petróleo, cada vez más caro y escaso, sustenta la producción alimentaria en cada una de sus fases (producción, química y distribución) e influye en las posibilidades de producción alimentaria.
Los avances de la modernidad han sido múltiples y ya no podemos (o no queremos) renunciar a muchos de ellos. Pero millones de seres humanos carecen de garantías alimentarias y la dieta moderna ha generado nuevas enfermedades, resultado de la disminución de la calidad alimentaria o de la comida rápida. El mundo se enfrenta a nuevos cambios y las consecuencias deben ser afrontadas con inteligencia y prudencia; con el conocimiento que el esfuerzo humano ha puesto sobre la naturaleza y la intuición de los límites que ponen término a nuestras posibilidades.
Por Joaquín Fernández Mateo
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