Opinión

Islamismo en Irlanda

Miércoles 10 de marzo de 2010

La detención por la policía irlandesa de siete personas sospechosas de planificar el asesinato del dibujante sueco Lars Vilks –uno de los autores de las ya famosas caricaturas de Mahoma realizadas en 2007- reabre el debate sobre los riesgos del fundamentalismo islámico en Europa. Hay que recordar que la publicación de dichas caricaturas provocó un conflicto sin precedentes, con manifestaciones en multitud de países musulmanes; de hecho, incluso un grupo iraquí afín a Al Qaeda llegó a ofrecer 100.000 dólares de recompensa por la cabeza de sus autores. Y eso que Irlanda ni estuvo en Irak ni puede decirse que tenga una participación militar activa en contingentes internacionales.

No es asunto baladí, ni tampoco es cuestión de xenofobia o racismo; es, simplemente, tolerancia. En Europa conviven personas de distintos credos sin que por ello se produzcan necesariamente conflictos religiosos. Por fortuna, esa fase ha quedado ampliamente superada desde hace muchísimo tiempo, en virtud del respeto a los derechos humanos del que el continente europeo es adalid. Católicos, luteranos, judíos y budistas conviven sin mayor problema. Y católicos, luteranos, judíos y budistas se enfrentan casi a diario con ácidas críticas en medios de comunicación, sin que por ello se organice más escándalo del causado exclusivamente por la falta de respeto o decoro.

Las dificultades surgen siempre por el mismo lado: el musulmán. Los países de mayoría islámica no se distinguen precisamente por la tolerancia y el respeto a las otras confesiones, el régimen de libertades que disfrutan sus ciudadanos es manifiestamente mejorable -cuando existe- y, en el caso concreto de la mujer, su situación es en muchas ocasiones vergonzante, al menos desde el punto de vista de los valores de igualdad de la cultura occidental. En Europa caben todos. Pero la premisa fundamental es que han de respetarse libertades tales como las de culto o expresión. Y, sobre todo, han de dejarse a un lado conductas hipersensibles, que tienden a tildar de ofensivo todo aquello que no se ajuste a los cánones de una ortodoxia que en más de una ocasión se ha revelado peligrosa. Quienes deseen vivir entre nosotros y tener buenas relaciones con nuestros países, deben saber que, en el mundo occidental y, muy en particular en la Unión Europea, el único límite a la libertad de expresión es el Código Penal.

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