No vale

Pequeña ciudad de la región italiana de Campania

Miércoles 10 de marzo de 2010
Limoneros, olivares, calas de ensueño, barrancos y acantilados con fantásticas vistas constituyen el precioso escenario natural de la península sorrentina, uno de los rincones más turísticos de Italia. Sorrento, la vieja "Surrentum", es su ciudad más poblada y destaca por su privilegiada situación, sobre un imponente talud de toba con profundos desfiladeros, repletos de hoteles lujosos y legendarios, que caen en picado al mar.

Los tenores Enrico Carusso y Luciano Pavarotti se enamoraron de Sorrento, y lo demuestran también miles de parejas italianas y extranjeras que celebran aquí su romántica boda buscando un halo de fortuna en su futuro matrimonial. Británicos, principalmente, pero también norteamericanos, australianos, alemanes y holandeses eligen el claustro de San Francisco o el Ayuntamiento de la ciudad para casarsesiguiendo un sencillo eslogan de la ciudad que se "vende" en varios circuitos turísticos internacionales: "Cásese en Sorrento. Será muy bello."

Merece la pena recorrer las escarbadas callejuelas, bordeadas por murallas, de este Sorrento vivo y perfumado gracias a sus jardines y terrazas panorámicas. Se dice que su nombre proviene de la leyenda de las míticas sirenas, mitad mujeres y mitad peces, que forzaban a los navegantes a naufragar contra sus rocas.

Y es que Sorrento tiene, sobre todo, una vocación marinera, "donde el mar brilla y el viento sopla", que le ha acompañado durante toda su historia. Fue un fortín natural frente al Tirreno, históricamente casi inexpugnable para sus enemigos, y un trampolín perfecto para dominar el golfo de Nápoles y todas sus islas. Hoy, de alguna manera, sigue siéndolo porque desde su animado puerto parten diariamente barcos llenos de turistas con rumbo a la Costa Amalfitana, las islas de Ischia y Capri y al mismo Nápoles, capital de Campania.

El casco histórico de Sorrento, abarrotado notablemente los fines de semana en sus calles más comerciales, conserva la planta original trazada por los griegos y continuada por los romanos, pero esconde importantes testimonios del Renacimiento y del Barroco, reflejados en sus viejas iglesias y en los pórticos de algunos palacetes.

El corazón del centro está situado en piazza Tasso, que recibe el nombre del monumento dedicado al poeta del siglo XVI. La estatua del insigne autor de "Jerusalén liberada" siempre recibe al visitante con sus naranjas y limones colgadas en los brazos, el auténtico símbolo de Sorrento.

Muy cerca se encuentra la catedral (s. XV), el edificio más significativo con su campanile, con una refinada marquetería en el coro. De camino al mar, acercándonos a uno de los más bellos miradores del golfo de Nápoles y el Vesubio, la iglesia de San Antonio sorprende con su claustro medieval. Esta pequeña joya arquitectónica está unida a un jardín público donde los sorrentinos descansan, leen el periódico y se relajan con la fantástica panorámica que ofrecen sus puestas del sol. Debajo queda el puerto con sus barcos de recreo, algunas zonas de baño y un poco más lejos la Marina Grande, la playa favorita de sus habitantes.


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