Opinión

DELIBES, CON LA PLUMA AL HOMBRO

Luis María ANSON | Viernes 12 de marzo de 2010
Dentro de doscientos años los niños estudiarán la obra de Delibes junto a la de los grandes de la Literatura española: Cervantes, San Juan de la Cruz, Quevedo, Lope de Vega, Góngora, Calderón, Pérez Galdós, Bécquer, Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez, Valle-Inclán, Aleixandre, Buero Vallejo, Unamuno, Federico García Lorca…

     He escrito en más de una ocasión que las tres cumbres de la novela española son Cervantes, Pérez Galdós y Miguel Delibes. Respeto preferencias y gustos varios, no faltaba más, pero esa es mi opinión de lector asiduo, de estudioso permanente. No se puede desdeñar ni a Pío Baroja ni a Leopoldo Alas Clarín ni a Blasco Ibáñez ni a Pérez de Ayala ni a Valle-Inclán ni a Cela ni a Juan Marsé ni a tantos otros… Pero el conjunto de calidad y profundidad de Delibes no lo alcanza en mi opinión ningún novelista español, salvo Miguel de Cervantes y Benito Pérez Galdós.

     Me decía Rafael Conte que no existe riesgo mayor que valorar comparativamente a los escritores. No le faltaba razón. Es la manera segura de irritar a casi todos. Pero hay que saber mojarse y ponerse el bolígrafo por montera. Mis preferencias poéticas son San Juan de la Cruz y Pablo Neruda. Pero sería injusto conmigo mismo si no apuntara enseguida los nombres de otros poetas que han sacudido mis trabajos y mis días en el placer de la lectura: Rubén Darío, Quevedo, Lope, Bécquer, Rafael Alberti, Aleixandre, Octavio Paz, Lorca, Juan Ramón, Guillén, Machado, Hierro…

     Desde La sombra del ciprés es alargada hasta El hereje el mundo creador de Miguel Delibes fascina, sobre todo con Las guerras de nuestros antepasados, Los santos inocentes, Cinco horas con Mario, La hoja roja… Y con su obra maestra: El príncipe destronado. Sólo por este relato yo le daría el Premio Nobel de Literatura a Miguel Delibes.

     El Papa Juan Pablo II escribió como si hubiera leído El hereje: “¿Cómo callar tantas formas de violencia perpetradas también en nombre de la fe? Guerras de religión, tribunales de Inquisición y otras formas de violación de los derechos de las personas… Es preciso que la Iglesia, de acuerdo con el Concilio Vaticano II, revise por propia iniciativa los aspectos oscuros de su historia, valorándolos a la luz de los principios del Evangelio”. Parecía como si el Papa se hubiera metido en el pellejo de aquel comerciante próspero, Cipriano Salcedo, protagonista de El hereje, hombre independiente, partidario de Lutero, que en 1559 fue juzgado por la Inquisición y torturado bárbaramente hasta terminar en un Auto de Fe en la Plaza Mayor de Valladolid. Entre los alaridos de la chusma, el verdugo encendió la hoguera que abrasaría, con la carne y el alma del desgraciado, hasta el último vestigio de libertad de expresión. Cipriano Salcedo era además un follador simpático y atolondrado y amó a Minervina, la de los pechos enhiestos, “gráciles corzas de dormir morenos”; o a Teodomira, aquella esquiladora enloquecida, el cuerpo duro de cristal de roca.

     (Tras recibir el Premio Nacional de Periodismo Miguel Delibes, Luis María Anson escribió el artículo que reproducimos hoy en su sección Al aire libre y que fue publicado el pasado 5 de febrero en la revista El Cultural del diario El Mundo)

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