Todo el mundo quiere aparentar más joven, ya sean hombres o mujeres. No existe distinción en este sentido. Cada vez son más los caballeros que quieren tener un rostro vital y cuidado. La doctora Ingrid Arion, licenciada en Medicina por la Universidad de París, lo sabe muy bien. El 50 por ciento de su clientela en Francia son caballeros. Especializada en medicina estética, está considerada como la nueva virtuosa de la aguja: la versión femenina del famoso y reclamado doctor Christian Chams, que ha tratado el rostro de Rania de Jordania, las hermanas Koplowitz o Silvio Berlusconi: "Nuestro trabajo tiene muchas afinidades, pero también muchas cosas diferentes, principalmente porque yo soy una mujer. En realidad, tenemos los mismos productos y la misma formación universitaria, pero cada persona tiene su visión del trabajo", dice.
Arion acaba de empezar a pinchar en nuestro país y su lista de clientes no deja de crecer. Su secreto reside en la maestría de sus manos y en que no cambia la expresión del rostro a la gente: "Es muy importante hacer tratamientos personalizados. Que la gente se reconozca al mirarse al espejo", dice. "Para mí es fundamental escuchar el deseo del paciente, hablar con las personas y ser muy honesta, decirles exactamente el resultado que pueden esperar y aconsejarles. Finalmente, personalizo un tratamiento. Ya que cada cara es diferente y no pueden salir todas de mi consulta con el mismo gesto". El resto del proceso dependerá de la piel de cada persona y de su potencial.
Otra cualidad de esta doctora es que ella no pincha productos permanentes ni guarda secretos respecto a qué guardan sus jeringuillas en el interior. Inyecta principalmente vitaminas, oligoelementos, ácido hialurónico y productos biodegradables, "pero el truco está en la manera de inyectar los productos: la cantidad, la profundidad… El misterio reside en la habilidad y la maestría, porque es un trabajo manual. Lo mismo ocurre con el bisturí. Según las manos del cirujano el resultado es mejor o peor. No es un problema de la naturaleza de los productos, porque todos tienen ahora mismo autorización. Es un problema de porcentaje. Lo que yo no hago es utilizar sustancias permanentes. Sólo aquellas que son biodegradables que ayudan a la piel a regenerarse por sí misma. No me gusta la toxina botulínica. La cuestión es que los demás te vean natural", puntualiza.
Viene a España cada quince días y no trata a un gran número de personas. "Depende de lo que se quieran hacer, porque hay gente que además de la cara le gusta tratarse otras partes del cuerpo". Sí, sí, como lo leen. Estos pinchazos no sólo están reservados al rostro, también sirven para cuidar las manos, potenciar el crecimiento del pelo en el cuero cabelludo y ayudan a combatir la flacidez del abdomen. "Y las orejas. También trato las orejas. El lóbulo caído es un signo de envejecimiento que muchos doctores y pacientes no tienen en cuenta, pero queda muy bien colocarlo otra vez en su sitio".
Respecto a los pacientes masculinos, Arion reconoce que hay muchos hombres que tienen todavía miedo a que les afeminen. "Sin embargo, el resultado que conseguimos en los señores es que tengan un rostro más dinámico y fresco". En Francia, del 30 al 50 por ciento de su clientela son varones y en España ya ha empezado por un 20. También es cierto, que “en un hombre un resultado artificial es nefasto, pero los que vienen a la consulta y prueban, acaban convirtiéndose en pacientes muy fieles. Consiguen un rostro dinámico y con energía, y les encanta que les digan sin parar la buena cara que tienen”. Además, destaca que este tipo de tratamientos les facilita mucho animarse, ya que no necesitan cogerse días de vacaciones porque no tienen ningún tipo de secuelas. "Lo que más solicitan son tratamientos de la cara y de cuello, pero sobre todo la cara", precisa la doctora con su acento francés.
Puntos estratégicos¿Cada cuánto tiempo hay que pincharse? Según Arion, el seguimiento es muy importante, porque la piel está en una permanente evolución. Además, influye que los productos no son permanentes. Depende de la edad de las personas. "Yo considero que la prevención es muy importante en la salud y también en estética. Yo tengo muchas pacientes que son jóvenes. En este caso una vez al año es suficiente antes de que lleguen las arrugas. Porque cuando ya aparecen, es más difícil. La media, por decirte algo, es de tres veces al año".
Precio: desde 1.000 euros, según lo que soliciten.
Contacto: Clínica Ordás: 91 343 14 32