Opinión

Preservativos en un colegio romano

Andrea Donofrio | Domingo 14 de marzo de 2010
No merece la pena escribir de Berlusconi y de sus delirios: una vez más echa de una rueda de prensa a un periodista incómodo –bueno el “trabajo sucio” lo hace un ministro, La Russa ya bautizado “ministro de la Defensa 'ad personam”-, acusa a la izquierda italiana de ser soviética –ojala!-, y a los magistrados de “obstaculizar la democracia”, ya la suya, mesiánica y mediática; me aburre comentar la manifestación de protesta de una izquierda en busca de personalidad e ideas políticas. Sería más oportuno escribir de la grave crisis económica italiana (según el Instituto Nacional de Estadística, en 2009 el PIB ha bajado de 5,1%, su peor dato desde 1971). Pero si ningún periódico italiano recoge la noticia, ¿querrá decir que no es importante? A todo eso, le refiero los preservativos y comentar una iniciativa digna de ser destacada. A partir del 12 de marzo, los estudiantes del Instituto Giovanni Keplero de Roma podrán comprar profilácticos sin salir del centro de enseñanza. En los baños del colegio, se han instalado seis distribuidores a un “precio de estudiantes”.

La instalación de máquinas expendedoras de profilácticos representa una medida positiva que debe ser acompañada con otras para ofrecer una sana educación sexual a los jóvenes y prevenir la difusión del SIDA y de otras enfermedades de trasmisión sexual. Hasta el momento, las campañas de información sobre la materia resultan pocas y resulta necesario educar a los jóvenes para que se acerquen a la sexualidad sin traumas, preconceptos o falsos mitos.

No obstante, la postura del Vaticano y de la iglesia católica no ayuda. Frente a esta iniciativa, el vicario del Papa ha afirmado que así “se banaliza la sexualidad”. Confieso que no entiendo que quiere decir. ¿Banalizar el tema? La verdad es que la iglesia lleva tiempo obviando el problema y lavándose las manos (en los mejores de los casos), asumiendo una postura anacrónica y obtusa (en el peor de los casos), mientras, en Italia, en los últimos diez años se han disparado las estadísticas de diversas enfermedades de trasmisión sexual igual que el número de embarazos no deseados. La iglesia lleva tiempo, mucho tiempo, cerrada en una postura impropia, mojigata y estéril: mientras siguen con estos argumentos falaces y chupacirios, los jóvenes seguirán enfermándose y de nada servirán las campañas de información en materia o las iniciativas novedosas como la su dicha. Aún recuerdo la cara indignada de mi padre el 19 de enero de 1996 durante la presentación del libro de historias de enfermos terminales de SIDA –“Il lupo sotto il mantello”- cuando un obispo - de cuyo nombre no quiero acordarme- amonestó: “Bien todo, pero los preservativos los hace el diablo”. Aparte de no saber que Satán estuviera metido en el negocio y que fuera dueño de una fábrica, me di cuenta inmediatamente que era la primera gilipollez que me tocaba escuchar aquel año. Pero, ¿hoy en día seguimos con eso? Por favor, no me fastidien.

Merece la pena destacar estas iniciativas y las otras similares; por eso me alegro que mucha gente se desvíe de los dictámenes absurdos de la religión, apoyando el uso e incluso distribuyendo gratuitamente condones (hace 20 años iba con mi padre fuera de las iglesias y a las ferias ciudadanas a regalarlos –confieso que al principio pensaba que eran caramelos). Tener una sexualidad segura es un derecho y una obligación. Encontrar preservativos en el propio colegio ayudará a obviar la vergüenza de comprarlos fuera, abaratará el coste y representa también un intento de enfrentarse realmente a una problemática fuera de los esquemas tradicionales. En fin, “de todas las aberraciones sexuales, la más singular tal vez sea la castidad”.

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