Opinión

Elecciones en Brasil

Julimar da Silva Bichara | Lunes 15 de marzo de 2010
Este año Brasil celebrará elecciones presidenciales a las que el Presidente Luis Inácio da Silva, Lula, no podrá presentarse como candidato a pesar de su elevado índice de popularidad, puesto que agotará sus dos legislaturas sucesivas en diciembre de 2010, tal y como limita la constitución brasileña. Los dos principales candidatos a sustituirle son la Ministra de Presidencia, Dilma Rousseff, también del Partido de los Trabajadores, y José Serra, del Partido de la Social Democracia Brasileña, del ex Presidente Fernando Henrique Cardoso (FHC), y Gobernador de São Paulo, el estado más rico e industrializado del país. Aunque los colegios electorales solo abrirán sus puertas en octubre, y a pesar de que todavía no existen candidatos oficiales, la carrera por la Presidencia de Brasil ya ha empezado.

Ambos candidatos tienen en común un excelente currículo como técnicos; ambos han sido ministros de estado; y ambos han forjado su carrera política en las filas de la izquierda brasileña, luchando en contra de la dictadura militar que gobernó entre 1964 y 1985. En cualquier caso, ninguna de las dos opciones que tiene el electorado brasileño se asimilan a perspectivas de cambios radicales en las instituciones o en la conducción de la política económica o en el respeto por la propiedad privada. Representan, por lo tanto, el mantenimiento de la estabilidad y la tranquilidad democrática en Brasil, sin posibilidad alguna de cambios radicales hacia una izquierda sementera, populista en lo económico, como la que está resurgiendo en algunos rincones del continente sudamericano. Ambos candidatos han manifestado explícitamente su compromiso con la estabilidad macroeconómica, con el equilibrio fiscal y el control de la inflación. Con lo cual, los analistas económicos no tendrán grandes preocupaciones en cuanto a los futuros rumbos de la política económica brasileña.

Así mismo, los candidatos han manifestado su intención de mantener y profundizar en la política social del gobierno de Lula, que tanto rédito le ha dado y que ha logrado ampliar las bases de apoyo del gobierno hacía las clases de menor renta, coto antes exclusivo de la política del clientelismo y el patronazgo. Ésta es, por otro lado, la mejor noticia de la evolución reciente de la política brasileña: los políticos tradicionalistas, formados en prácticas poco democráticas y fraudulentas, acostumbrados a utilizar el aparato estatal en beneficio propio y, por lo tanto, con tendencia populistas, e irresponsabilidad fiscal, están desapareciendo del escenario político brasileño.

Quizás la mayor diferencia entre ambas propuestas de gobierno sea en lo referente a la política exterior, sin embargo, este sería tema para otro artículo.

La cuestión que se deriva, por lo tanto, es saber si el Presidente Lula influirá en el resultado de las próximas elecciones, es decir, si conseguirá transferir votos a su candidata. Los analistas políticos dicen que ahí está la clave. Si se observa dicha transferencia, Dilma puede ser elegida la primera mujer Presidente del Gobierno de Brasil. Los últimos datos de diferentes encuestas de opinión muestran que la popularidad de Lula actualmente supera el 80 por ciento, nivel sin parangón en la historia reciente de Brasil. La dificultad, sin embargo, se explica porque el elector brasileño es muy personalista, no asocia directamente Lula da Silva al PT y tampoco a Dilma. Este es el trabajo que tendrán que realizar (Lula y Dilma) en estos siete meses que quedan para las elecciones. A Serra le queda el apoyo del PSDB, del ex Presidente FHC (que quizás algunos consideren prejudicial) y el legado de buen gestor que dejó cuando fue Ministro de Sanidad. Aunque, la campaña electoral está prohibida hasta los tres meses anteriores a las votaciones, la carrera para la sucesión presidencial en Brasil está ya al rojo vivo y, por tanto, mucho hablaremos de ello a lo largo de todo este año.

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