Opinión

La previsible derrota de Sarkozy

Martes 16 de marzo de 2010
Si un resultado electoral se midiese estrictamente por porcentajes, el auténtico vencedor de los comicios regionales franceses celebrados este pasado domingo sería la abstención, que superó el cincuenta por ciento. Traducido en cifras, más de la mitad de franceses con derecho a voto no acudieron a las urnas, lo cual es un dato que debe hacer reflexionar a la clase política gala. La victoria socialista parece clara, aunque habría que analizar qué parte de votos son convencidos, y cuántos de ellos son o bien prestados por temor al Frente Nacional de Le Pen -tercera fuerza más votada en algunas regiones- o bien de castigo a la gestión de Sarkozy.

Lo que parece claro es que los franceses han enviado un inequívoco mensaje a su actual gobierno. Dicho mensaje es tanto de descontento hacia una gestión, la de Sarkozy, excesivamente personalista, como de desencanto hacia una clase política que no ha sido capaz de concitar a las urnas ni a la mitad del electorado francés –un hecho que no se limita sólo al escenario francés. Es evidente que la acción de gobierno desgasta, y si a ello unimos la factura que pasa la crisis económica, el mal resultado del partido de Sarkozy puede entenderse algo mejor. Pero lo anterior, sirviendo como atenuante, no puede eximir al inquilino del Elíseo de su responsabilidad en el descalabro electoral del pasado domingo. Cuestiones como el debate de identidad nacional en plena crisis económica no parecen especialmente oportunos. Hay incluso quien ha llegado afirmar que semejante iniciativa ha podido reactivar a una ultraderecha que había pasado a un discreto segundo plano. En cualquier caso, Sarkozy debe ahora gestionar una derrota de la que tiene gran parte de culpa. En su mano está revertir la situación antes de las siguientes legislativas.

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