David Ortega Gutiérrez | Martes 16 de marzo de 2010
“No hay mal que por bien no venga”, apunta el sabio refranero castellano, y es cierto que el aprendizaje humano se da con especial intensidad en los momentos de crisis. Dicho de manera más llana, aprendemos de los golpes, de los fracasos, de los errores, si uno es humilde e inteligente -que son dos caras de la misma moneda-.
Vive España años difíciles, igual, pero algo más, que el resto de Europa. Sin embargo, percibo importantes movimientos de cambio que invitan a la esperanza, pues podemos salir más fortalecidos, si sabemos reaccionar ante la clara realidad que vivimos. Tomemos algunos datos que muestren lo que digo. Llevo meses siguiendo con atención las encuestas del CIS y hay un movimiento muy acentuado de cansancio y distanciamiento de los ciudadanos de la actual y presente clase política. Poco a poco ha ido escalando posiciones el ver a los políticos como parte del problema que tenemos, hasta que ya se ha instalado en una tercera posición que se dio en diciembre de 2009 y febrero de este año. Por delante están el paro y la crisis económica, sería difícil o imposible que suba alguna posición más, con la que está cayendo. Por tanto el ciudadano está manifestando un mensaje muy claro y rotundo: estamos cansados de nuestros actuales políticos, no creemos en ellos, en definitiva, los hechos muestran que no valen para cumplir la función que tienen.
El ciudadano ya no se cree las palabras, está cansando de los discursos de tirar los trastos a la cabeza del rival político, del “tú más y peor”, de la política de patio de colegio, mientras los problemas del día a día no menguan, sino que crecen: peores servicios -díganselo especialmente a los pobres catalanes-, fracasos educativos, justicia más lenta, falta de defensa del interés común y general por parte de los partidos de ámbito nacional, presos de sus respectivos poderes autonómicos… Por lo demás, la clásica concepción de organización y funcionamiento de los partidos políticos empieza a dar muestras de profundo agotamiento: no se eligen a los mejores, puestos muy relevantes son ocupados por personas con poco o ninguna preparación, el profesional de la política se está revelando como un cáncer para nuestra vida pública, cualquier persona válida y honesta no duraría o llegaría muy lejos en nuestros presentes partidos, donde se ha perdido el sentido de la generosidad, del trabajo en equipo y la elección de los mejores.
Me remito a los hechos, la lucha por el poder prevalece sobre cualquier otro principio, vean sino las estrategias del PSOE y el PP, mientras España se va hundiendo un poco más (la importantísima Sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut no llega (¿?), el CGPJ sigue naufragando mientras 1.400 jueces reclaman la básica y esencial independencia judicial, no avanza el Pacto educativo ante la estupefacción de padres, profesores y alumnos, de los datos económicos mejor no hablar…), ellos continúan enrocados en sus respectiva estrategias pensando en el horizonte electoral de mayo de 2011 y marzo de 2012, el resto da lo mismo.
El ciudadano no es tonto, aunque algunos políticos piensen que sí, y al final la realidad se impone. La desafección de la vida pública, de la vida política es algo enormemente negativa para cualquier país, el único camino que queda es cambiar las cosas, poner en marcha nuevas formas de hacer política, que es lo que el ciudadano demanda. No somos pocos los que llevamos algunos años protestando poco y trabajando mucho por abrir nuevos caminos, como Unión, Progreso y Democracia (UPyD). La queja no vale nada sino va acompañada de una alternativa real. La política de café o de sobre mesa, debe cambiarse por la del esfuerzo práctico y responsable. El PSOE y el PP empiezan a estar preocupados, pues saben que el concepto de voto útil -que siempre les ha funcionado a ambos muy bien para ahogar cualquier otra alternativa real a sus consolidadas posiciones de poder-, comienza a tambalearse. El ciudadano -ya cerca de un millón- se está dando cuenta que el voto al PSOE o al PP es bastante inútil, pues no son excesivamente diferentes entre ellos. Se empieza a percibir que la utilidad viene por una opción nueva y muy diferente de la actual clase política que tenemos.
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