Sociedad

Descubra si su hijo tiene problemas serios con el alcohol

"una bronca o un consejo a tiempo funciona"

Jueves 18 de marzo de 2010
A nadie se le escapa que en los últimos años se ha detectado un aumento de las borracheras entre los menores los fines de semana. La nueva forma de divertirse (marcha, ocio nocturno, botellón…), siempre ligada al consumo excesivo de alcohol, y la percepción de normalidad en la sociedad española, lleva a los jóvenes a adquirir unos hábitos de los que desconocen sus riesgos. Pero, ¿cómo sabe un padre si su hijo tiene problemas con el alcohol?

En España, uno de cada cuatro adolescentes tiene alto riesgo de consumo de alcohol, según los datos presentados por el Ministerio de Sanidad y Política Social, que destacan también que la edad de inicio se sitúa entre los 12 y 13 años. Es por esto que los médicos de familia consideran clave la prevención y detección de este problema.

La facilidad para relacionarse, la desinhibición, la euforia y la evasión son algunos de los motivos de más peso entre los jóvenes para consumir alcohol. Esto, unido a la escasa percepción de riesgo, lleva al entorno más cercano, familia, maestros y médicos de familia a estar en la obligación de informar sobre los efectos del alcohol.

El coordinador del Grupo de Intervención en Drogas (GID) de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC), José Zarco, lo tiene claro: "Se les debe transmitir que si beben excesivamente se deteriora su capacidad de pensar con claridad, lo que dificulta la consecución o el mantenimiento de un empleo, se merma su rendimiento intelectual con un menor éxito en los estudios, se reduce su capacidad de reacción al conducir y disminuye su fuerza física y la potencia atlética y sexual".

La familia, fundamental
De esta forma, la familia, como primer espacio socializador para el individuo, se convierte en un elemento de vital importancia en la prevención del consumo de alcohol a través de la acción educativa. No podemos olvidar que la mayoría de los jóvenes comienzan a beber en el hogar, siendo las actitudes de los padres ante este consumo un factor de gran influencia en la conducta de los hijos.

Jóvenes haciendo botellón.
Pero, ¿cómo sabe un padre si su hijo tiene problemas con el alcohol? El psiquiatra y director técnico de la Fundación para la Ayuda a la Drogadicción (FAD), Eusebio Megías, ha señalado a EL IMPARCIAL que "sólo con que abra los ojos se va a enterar de si su hijo bebe". Así, apunta que "el hijo no es un marciano", bebe y vuelve a su casa en unas determinadas condiciones y al día siguiente va a tener resaca, pero lo importante son los indicadores de distorsión de su propia vida.

"Cuando ven que el hijo empieza a tener un peor rendimiento escolar, empieza a separarse y a tener conflictos con ellos, ciertos cambios de carácter, empieza a retraerse o a tener comportamientos extraños, evidentemente, ese chico o chica está teniendo problemas", señala Megías, que añade que "es cuestión, entonces, de escarbar un poquito y darse cuenta en qué medida el alcohol está o no está aumentando esos problemas".

¿Cuál debe ser la primera reacción del padre?
Para el director técnico de la FAD, lo primero que hay que hacer cuando se descubre borracho al hijo es razonar con él: "No se trata de dar una bofetada al chico, pero sí hay que hablar con él, ponerle los límites y las restricciones necesarias, orientarle y controlarle lo que haga falta".

Los padres, insiste este experto en alcoholismo, aparte de no dar alcohol desde pequeños a sus hijos, lo que tienen que hacer es "explicarles que el alcohol existe, que está en su casa, que tiene sus riesgos y que hay formas mejores y peores de consumirlo".

La mayoría de los jóvenes desconocenlos riesgos del alcohol.
Otra cuestión importante, añade, es que si los hijos empiezan a tener o tienen ya comportamientos de riesgo, "los padres deben perder esa timidez que a veces tienen respecto al alcohol porque cuando eran adolescentes hicieron lo mismo y tienen una cierta mala conciencia y no se sienten seguros".

En casos extremos
Eusebio Megías explica que siempre hay una graduación en el tratamiento del problema. Primero son los padres los que tienen que actuar. Después las influencias personales más cercanas: un hermano mayor o un primo más responsable. Luego, las influencias exteriores más normalizadas: el maestro, el gabinete psicopedagógico del colegio, el médico de atención primaria. "Si todo esto no funciona –asegura– es cuando hay que acudir a la atención especializada: psicólogos, psiquiatras, centros de diagnóstico o centros especializados en toxicomanías".

"Pero no hay que matar pulgas a cañonazos, no hay que cortocircuitar la acción e irse directamente al especialista", señala este psiquiatra. "En el terreno de la prevención: una bronca a tiempo, un consejo a tiempo, una charla con cualquiera de los padres a tiempo, funciona". Si eso no funciona, apunta, el siguiente escalón serían los adultos significativos. Sólo si esto tampoco funciona, se acude al especialista. Si no, "nos desautorizamos ante nuestros propios hijos", indica el director técnico de la FAD.

"En casos extremos hay que hacer lo necesario", afirma Megías, que dice que "la vieja fórmula de quitarle las llaves, el dinero y echarle de casa puede dar resultado, pero sólo en casos extremos. No hay que quemar las naves cuando todavía tienen que navegar mucho tiempo".

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