Víctor Morales Lezcano | Viernes 19 de marzo de 2010
El Estado marroquí que se fue construyendo durante los primeros cinco años después de obtenida la independencia en 1956, llevó grabada ab initio la impronta centralizadora.
Centralización del poder legitimador en torno a Palacio; o sea, en el vértice angular que ocupa desde entonces el Rey. Centralización política institucional ¬-Parlamento, Ministerios- en torno a la primatura del presidente del gobierno de turno. Centralización administrativa polarizada en torno a Rabat. Por el contrario, Casablanca detentó, también desde los inicios de la singladura del Estado, la vida económica y financiera. Es decir, que se optó por una solución bicéfala -todas las diferencias guardadas, resulta un tanto similar a la diarquía que han establecido en ultramar Washington D.C. y Nueva York-.
Los intentos de trocear el territorio del Reino a fin de hacerlo gobernable, han sido unos cuantos. Desde el esbozo del geógrafo Célérier (1948) hasta el proyecto más técnico del año 2000, que llegó a delimitar hasta veinte regiones, siendo las más meridionales las de Sus-Massa y las saharianas mismas.
Ahora bien, la dinámica territorial del Reino ha sido accidentada entre 1956 y 1975, en tanto en cuanto la incorporación gradual de territorios y enclaves de posesión colonial española (Tarfaya, Ifni, Sequia al-Hamra) en el marco de Marruecos, fueron engrandeciendo notablemente la superficie y, en menor medida, el contingente poblacional del país.
Como es sabido, el proceso de incorporación del Sahara occidental ha constituido la más ardua operación territorial del Reino en estos últimos treinta y cinco años; y amén de ardua, costosa.
Pero, puesto que Mohamed VI parece inclinarse sin titubeos hacia la incorporación de todo el territorio sahariano y de su población dentro de la Nación, el aparato político-administrativo no podía hacer menos que acuñar una propuesta de anexión de la antigua colonia española bajo el rótulo jurídico de Autonomía. Autonomía, pues, para el recién nacido sahariano pero, por ley de difusión creciente, también para el conjunto de provincias y gobernaciones en pié.
He aquí un desafío que nuestro país vecino pretende encajar felizmente, para mayor bienestar y racionalización de los ciudadanos de Marruecos.
Dentro de esta operación de alcance mayor, cabría incluir la voluntad de proseguir en la línea de asociación gradual a la eurozona, como ha explicado a diferentes medios Youssef Amrani, secretario general del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, con sede en Rabat.
Es así como ha ido emergiendo, desde octubre de 2008, el proyecto de Estatuto Avanzado para la asociación de Marruecos con los miembros e instituciones de la Unión europea.
A la cabeza de la Comisión consultiva ad hoc que integran 21 miembros, se encuentra su presidente, Omar Azziman. Historiadores, como mi colega en la Universidad Mohamed V, Brahim Boutaleb; economistas y politólogos; arquitectos y urbanistas, componen lo que, además de un think-tank, pretende ser un centro de concertación política, con vistas a ser interlocutor y co-factor magrebí de excepción con la eurozona.
Mientras, ya se ha ido pronunciado el corifeo de los incondicionales del Trono, aunque no han dejado de hacerlo también voces independientes y plumas de francotiradores, críticas respecto del Estatuto Avanzado, que como ocurre casi sistemáticamente en Marruecos parece desplomarse desde arriba, hacia abajo, sin apelación alguna.
Con lo cual, la Unión europea se ve impelida a no rechazar la operación en ciernes con Marruecos (París y Madrid la avalan), aunque el bagaje democrático del que ella es portadora, la impulse a exigirle a Rabat algo más que un lavado de cara en materias cuales derechos humanos, y libertades políticas y asociativas.
En la Cumbre euro-marroquí de Granada se manifestaron adversos al Estatuto no sólo los sindicatos y la izquierda españoles, sino la visible representación de fuerzas pro-saharauis que desfilaron públicamente, a cuya cabeza se situó la incontournable Aminatou Haidar. A propósito, Aminatou se nos aparece sensiblemente repuesta de su vigilia prolongada en el aeropuerto de Lanzarote, hace poco más de un mes. Parece dispuesta esta señora a dar que hacer.
Habrá que seguir, pues, día a día, paso a paso, la encrucijada de Marruecos en horas importantes como las que están sonando en este momento en todos los relojes del país.
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