Martín-Miguel Rubio Esteban | Viernes 19 de marzo de 2010
Aunque se dice que el hambre agudiza el ingenio, no se ha cumplido el adagio “pre-popperiano” en la Feria de Madrid de Arco este año 2010. El número de artefactos mediocres y plagiadores del genio pasado presentados constituyen un porcentaje de ramplonería sin gracia tan grande que debería haberse evitado de algún modo su inconcebiblemente alta presencia. Con un número menor de objetos artesanales de factura deleznable y sin oficio, la Feria, aunque quizás mucho más pequeña, hubiera sido más agradable con el aminoramiento del promedio de lo horroroso. Y la Feria de Arco no se hubiese tanto desprestigiado.
¿Quiénes serán los sutilísimos asesores de los galeristas? Como es cierto – tal como dice Esperanza Aguirre y Gil de Biedma – que esta Feria convierte a Madrid en centro destacado de la atención artística internacional, el celo de los seleccionadores y galeristas en las muestras artísticas debería haber sido bastante mayor. Las propuestas artísticas más actuales suelen ser siempre buenas, porque lo horroroso en esta ocasión es infame plagio de propuestas de otros tiempos del siglo XX. Plagio, plagio, aburrido plagio. No obstante, como es lógico, mención justa merecen algunas pocas obras singulares.
Tony Berlant, en su Blonde Armpit, 1962 ( no entendemos lo del “rubio sobaco” ) nos propone una perfecta euritmia cromática conseguida en trapos, gualdrapas y jirones primorosamente dispuestos. Hyunkoo Lee nos muestra mediante su Leiotrix Lutea Animatus y Feils Animatus la pobre esencia de la vida, bojeo por la espantosa y múltiple materialidad sin espíritu, el macabrismo sustancial a toda forma sin alma viva. Daniel Pitín, con su Painter II, exhibe un óleo, acrílico sobre lienzo, de líneas académicas, aseadas y honesto oficio. Darío Urzay nos ofrece con su Topograma ( más topotesia que topografía ), sobre aluminio, cortezas de colores líquidos, inestables, mezcolanzas gelatinosas de turquesa y naranja, ejemplo exacto y semoviente del tremedal terráqueo. Thomas Hartman, en su Frei im Raum, presenta en miserables anaqueles, plúteos y estantes de forma cutre y sórdida el almacenaje decrépito de la pasada era de los vídeos. No hay cementerio más feo y desagradable que el de los abuelos de la tecnología moderna. El genial Lászlo Moholy-Nagy, con su Composition, demuestra con sus imposibles juegos de geometría infantil y euclidiana qué es la obra maestra, señera y modélica, y con ello se ahogan los múltiples, impotentes y horteras plagiadores de la irrepetible vanguardia que pululan como una náusea vomitiva y carminativa en esta feria. Tony Cragg nos presenta Profiles, una acuarela que rastrea de forma desesperada, angustiosa y esquemática, los rostros inintercambiables de los hombres. William N. Compley, en La Muertecita, representa una alegoría de la muerte con murciélagos, calaveras, huesos, palomas, y un ímpetu belicoso de cruces, paraguas y dientes, que perturban profundamente el alma. Pablo Picasso, con su Tête d´homme barbu sintetiza su larga vida de genialidad plástica, ecléctica y sincrética, devenida de variegados hontanares vanguardistas y de milenarios veneros mediterráneos que el vampiro malagueño absorbió. Pablo Gargallo demuestra con su Autoportrait un equilibrio de cabeza de autómata postindustrial superior al de Archipenco. John Baldessari nos ofrece una mezcla excitante y sugeridora de fotografía y dibujo en sus Raised Eyebrows y Furrowed Foreheads. Jaume Plensa, con su Painted iron desmenuza las pautas de luz y nada que constituyen al hombre como una eclosión de metafísica perpetrada por Zubiri con sotana de Balenciaga. Thadeus Ströde, con su Lost Spirit Guides ( 2007 ), en técnica mixta sobre tela, nos escandaliza con un pastiche en forma de grafiti en donde se entrecruzan el pánico, lo patético, la pérdida y la religión acérrima. Nichole Cherubini, con su Alabastron ( 2007 ), de cerámica, terracota, porcelana, madera, esmalte, vidriado y cristal de hielo, parece querer tronchar la etimología de alabástron ( a-lábastron, o “sin asas” ) con su alucinante y deprimente tarro con ramas y palitroques como brazos. Salvador Dalí, con su Hirondelle ofrenda una vez más su genial capacidad y maestría para dibujar – Dalí ha sido el dibujante español más pasmoso – a los Manes del surrealismo. Katinka Lampe, en su Untitled (2009), nos exhibe un retrato espléndido, bello y, a la vez, rupturista, en un óleo sobre lienzo. La modelo es una preciosa niña negra sobre cuya cabeza se ha colocado una peluca blanca que recuerda la época de María Antonieta recreada en su biografía por Stefan Zweig. ¿Una nueva ilustración, esta vez de tipo moral, de la raza negra? ¡Dios quisiera! Ann Veronica Janssens, mediante su Cocktail Sculpture (2008), nos presenta un poliedro de cristal, agua destilada, aceite de parafina y base de madera, con el que demuestra que los acuarios sin peces pueden ser dignísimos elementos de decoración en los amplios salones minimalistas. K. H. Hödicke, en Mi amada, el lienzo y 22 cuchillos, demuestra que es un magnífico pintor – que ya es muchísimo en esta Feria – presentando un cuadro que nos recuerda mucho la manera de pintar de Toulouse-Lautrec y que a uno no le importaría adquirir si no tuviera que hacer frente a otros gastos más urgentes. Pablo Genovés, en su Un jour de tempête (2009) se nos revela como un maestro del detalle, casi como un hiperrealista de ansias muy bien autocontroladas. Anna Hughes presenta un magnífico óleo, Blind Man´s Bluff (2009), que recuerda con gran acierto y sublime decoro a los grandes pintores ingleses de finales del siglo XVIII y la primera mitad del XIX, como William Turner ( El Reino Unido es el ámbito artístico que más lejos ha estado siempre de la depravación y el fraude en las artes plásticas ).
Y, finalmente, sólo siete nombres más merecen ser recordados en esta última Feria de Arco: Zhou Chunya, Aimée García, Ingrid Buchwald, Dawn Mellor, Antón Lamazares, Nobhiro Nakanishi, y Nelson Domínguez. Lo demás, lo que queda, lo otro, it can be thrown in the rubbish bin.
Nuestra muy admirada Esperanza Aguirre debería, para bien del mercado del arte, recomendar un mayor celo a la hora de seleccionar los galeristas lo que van a presentar. Para bien de esta gran Feria.
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