David Ortega Gutiérrez | Martes 23 de marzo de 2010
Lamentablemente terminó por pasar lo previsible. El PSOE y el PP, de la mano, han vuelto a dar un paso atrás en la senda de la democracia. La ley más importante desde el punto de vista político y de distribución del poder, la ley electoral, no atenderá las muy sensatas recomendaciones expuestas en el neutral y objetivo Informe del Consejo de Estado de febrero de 2009.
En él se reconocía la manifiesta desigualdad de nuestra actual ley electoral, tanto en el valor del voto al ser transformado en escaño (en Madrid se precisa de 170.000 votos para lograr un escaño, cuando en Ávila basta con 40.000) como de la que parten los candidatos, lo cual daña de manera importante las reglas más elementales de la democracia (a UPyD el escaño le cuesta 306.000 votos, mientras que al PSOE o PP les basta con 66.000). El Informe cita recomendaciones de la Unión Europea del año 2002 y una muy interesante jurisprudencia del Tribunal Constitucional alemán para profundizar en nuestros niveles de igualdad y democracia, algo que al PSOE y al PP les da absolutamente lo mismo. Creo que merece la pena reflexionar un poco sobre esta actuación de nuestros, por el momento, dos principales partidos políticos (no se olvide que el desengaño de los ciudadanos cada vez es mayor respecto de ellos, y motivos no les faltan).
La democracia tiene unas reglas de juego sagradas que hay que respetar, me perjudiquen o me beneficien esas reglas. Es este un principio básico de la democracia, no se pueden romper las reglas de juego. PSOE y PP piensan que todo lo que les beneficia es justo o, dicho de otra forma, que todo lo que les perjudica es injusto, por ello no dudan en vulnerar las reglas de la democracia según les beneficie o les perjudique, lo cual me parece enormemente grave. El Consejo de Estado, órgano supremo de consulta del Gobierno (art. 107 CE), ha realizado bien su trabajo, atendiendo a los criterios de igualdad y profundización de la democracia indicados por el Gobierno en su escrito de petición. Pues bien, el Gobierno y la Oposición, al unísono, han tirado a la basura las recomendaciones del Consejo de Estado, sin ningún tipo de vergüenza, convirtiendo la democracia española en un coto cerrado de “tú o yo”, pero nada de nada que los ciudadanos españoles puedan decidir una opción diferente a ellos en igualdad de condiciones. Insisto, la cuestión es de una enorme gravedad, pues afecta al corazón mismo de la democracia, el reparto del voto del ciudadano.
El verdadero demócrata es el que sabe distinguir la legitimidad democrática de origen respecto de la legitimidad democrática en el ejercicio. PSOE y PP tienen legitimidad democrática en su origen, pero cada día que pasa están demostrando que cada vez les queda menos legitimidad democrática en su ejercicio del poder. La democracia, el interés general de los españoles, las principales instituciones del Estado (Tribunal Constitucional, Consejo General del Poder Judicial, Consejo de Estado, etc.) les da lo mismo, todo está supeditado a su principio básico y esencial: el mantenimiento o la conquista del poder a cualquier precio. Se equivocan profundamente, el ciudadano está dando evidentes muestras de cansancio y hartazgo de tanta tomadura de pelo, incluso han tenido la desfachatez de decir que por cuestión de austeridad no siguen la recomendación del citado Informe de aumentar a 400 el número de diputados, cuando el desarrollo del actual Estado autonómico, por poner el ejemplo más sangrante e inmoral, es un auténtico desastre de financiación, que está llevando el país a la ruina.
Termino, la democracia es simple y llanamente una cuestión de principios, o se tienen y se aplican o… no se tienen. A Obama le podía perjudicar recibir al Dalai Lama en sus relaciones económicas, nada menos que con China, pero le recibió, era una cuestión de principios, aunque le perjudicara, era lo justo. Es evidente que al PSOE y al PP esto les suena a chino.
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