Se atribuye a Carlos Marx (también a Hegel) la idea de que: "todos los grandes hechos de la historia se producen dos veces; la primera como tragedia y la segunda como farsa”. Como ni Marx ni Hegel participaron nunca en un jurado que premiara hechos teatrales, no supieron sentenciar que cuando se trata del teatro, la historia que se repite termina en comedia (obra teatral –según la RAE- en cuya acción predominan aspectos placenteros, con desenlace feliz). Faltaban solo veinte minutos para la media noche. Los salones del refectorio del Teatro Real bullían expectantes, ávidos de conocer la decisión final del jurado que deliberaba si conceder el
IV Premio Valle Inclán de Teatro a uno o a otro de los dos finalistas de la presente edición.
Los quince miembros del jurado habían descartado ya a diez de los doce finalistas y la dificultad de la elección alcanzaba el máximo nivel de compromiso; el fulgor de la estrella Espert contra la sólida actuación del joven Hipólito. Por fin el escrutinio: diez votos al prestigio, cinco al actor.
Nuria Espert, por su interpretación en “La casa de Bernarda Alba”, diez puntos;
Carlos Hipólito por Glengarry Glenross, cinco puntos. La historia se ha repetido ahora con la actriz Nuria Espert que acaba de recibir el más importante premio actual de teatro (IV Premio Vale Inclán), cuarenta años después de conseguir el entonces importante Premio Mayte por “Las criadas”, vivía la inolvidable Mayte Aguado, en pugna final con María Asquerino ( 6 votos Nuria, 4 María), tras superar a José María Morera, José María Prada y Grupo Tábano, en primera votación, José Bódalo y Torcuato Luca de Tena en la segunda; José María Pemán y Julieta Serrano en la tercera; Irene Gutiérrez Caba en la cuarta, así como Buero Vallejo y José Tamayo en la anteúltima y penúltima.
El Premio Valle Inclán, en sus solo cuatro ediciones, ocupa ya un
lugar prominente entre cuantos existen por iniciativa privada, además de ser el mejor retribuido: cincuenta mil euros, ostentando ahora la importancia que una vez tuvo el premio creado por María Teresa Aguado, la mecenas santanderina, al final de la década de los sesenta, desde su primer Hostal en la calle General Mola, casi enfrente de los estudios Sevilla Films, que luego amplió en el Bar Richmond, en la plaza de la República Argentina y, finalmente desde los más lujosos salones del que fuera Hotel Commodore, el espléndido edificio diseñado por Luis Gutiérrez Soto, transformados por Mayte en uno de los mejores y más amplios restaurantes, Mayte Commodore. Sin el encanto de Mayte, sin los salones de la “plaza de los delfines”, cerrados al final del pasado año, el Premio Mayte de Teatro se celebrará (¿?) en otro lugar. El Valle Inclán creado por El Mundo y la Fundación Feyma –en esta ocasión patrocinado por la Fundación CocaCola- seguirá en el Teatro Real.
Ocupación estimada durante la semana del 15 al 21 de marzo