Opinión

La experiencia y la imprudencia de Jaime Mayor Oreja

Jueves 25 de marzo de 2010
Si hay alguien que pueda hablar con conocimiento de causa de los entresijos del terrorismo etarra, ese es Jaime Mayor Oreja. Sus anteriores responsabilidades políticas y su dilatada experiencia en el tema y su persistente combate contra ETA le hacen acreedor de una confianza que no muchos merecen: desde luego, en principio, inspira mucha mayor confianza que un Presidente cuyo record en relación al nacionalismo es más que dudoso para la gran mayoría de los ciudadanos, incluidos sus propios votantes –máxime, tras la reciente publicación de los testimonios de las últimas negociaciones. Precisamente por ello, las declaraciones de Mayor Oreja acerca de un eventual proceso negociador entre ETA y el Gobierno han escocido a más de uno. No sólo por la contundencia del mensaje en sí mismo, sino por la autoridad moral del mensajero. Como ha dicho Esperanza Aguirre, “Jaime Mayor Oreja suele acertar en lo que dice sobre terrorismo”, aunque, como ha subrayado la propia Aguirre, “ojalá esta vez se equivoque”.

El deseo en cuestión, compartido por todos, no esconde la realidad de un pasado que, efectivamente, da la razón a Jaime Mayor. Destacados socialistas, entre ellos José Luis Rodríguez Zapatero, se han mostrado siempre proclives a un entendimiento con el nacionalismo radical, inclusive en su versión terrorista-. José Antonio Pastor, Jesús Eguiguren y otros tantos socialistas vascos han abogado tradicionalmente por el acercamiento en lugar del aislamiento. Pero cada vez que alguien ha intentado tender la mano a ETA, ha acabado con ella mordida y –lo que es peor- ha alimentado las esperanzas de los terroristas y, por tanto, prolongado la tortura.

Más de 900 muertos son pruebas fehacientes lo bastante consistentes como para abandonar toda posibilidad racional de hallar otra salida que no sea el desistimiento por derrota de la violencia. El razonamiento que subyace a la precipitada, y quizá imprudente, afirmación de Mayor es consistente; a saber: un movimiento (ETA-Batasuna) que necesita para sobrevivir las subvenciones a que se accede pudiéndose presentar a elecciones locales y ganando algunas; un gobierno con unos sondeos progresivamente deteriorados, que va a llegar a las elecciones con un 17-20% de paro y, por tanto, necesitado de ofrecer algún éxito espectacular. Sin duda, una realidad objetiva que exige una comprobación empírica fehaciente para poder sostener afirmaciones tan gruesas como las vertidas por Mayor Oreja. Ni siquiera la existencia de contactos es suficiente, en la medida que resulta razonable que el Gobierno tenga esos canales abiertos, aunque sólo fuera como fuentes de información. Pero precisamente pruebas es lo que no ha puesto sobre la mesa don Jaime. Bien es verdad que encontrarlas es sumamente difícil, aunque una afirmación de semejante calibre debe ir avalada con algo más que un razonamiento teórico, por mucho fundamento y experiencia que tenga quien lo formule. Con todo, no está de más alertar a una sociedad que no merece que sus gobernantes den esperanza alguna a una banda terrorista. De ahí que, por una vez, las palabras de Rajoy sean claras y directas: “Hay que escuchar a Jaime Mayor; yo lo hago”. Y tiene razón: debemos escucharle con atención pero no creerle sin comprobación.

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