Opinión

Tristeza de nuestra diplomacia

Ricardo Ruiz de la Serna | Viernes 26 de marzo de 2010
Desde que, en el año 2008, el Ejército colombiano incautó los ordenadores del líder de las FARC, Raul Reyes, el régimen de Hugo Chávez está nervioso. Las dos investigaciones de la Fiscalía del Tribunal Penal Internacional que se siguen sobre las violaciones de derechos humanos en Venezuela y sobre los presuntos vínculos del régimen chavista con el narcoterrorismo colombiano son sólo dos de los problemas que le han surgido.

El mundo va sabiendo lo que se cuece en el Palacio de Miraflores y la cosa no tiene buena pinta. La oposición está muy golpeada pero no muerta. Los estudiantes continúan manifestándose de cuando en cuando mientras la disidencia venezolana en el exilio está vivita y coleando. Es verdad que el Estado cuenta con los ingentes recursos naturales y la riqueza petrolífera que controla PDVSA, la poderosísima empresa cuyos beneficios se reparten como una lluvia de millones entre los Gobiernos afines de Ecuador, Nicaragua, Bolivia y Cuba entre otros. El Gobierno español sonríe complacido.

El ex gobernador y ex candidato presidencial Oswaldo Álvarez Paz; el presidente de Globovisión, Guillermo Zuloaga; y la juez María Lourdes Afiuni Mora son sólo algunas de las víctimas más recientes de un régimen que busca salvarse huyendo hacia delante. En efecto, los asesores cubanos de Hugo Chávez creen que la salida pasa por endurecer la represión en una espiral que recuerda a los peores momentos de la dictadura castrista, que jamás los ha conocido buenos. Veamos cuáles fueron sus crímenes.

A Zuloaga lo detuvieron por un presunto delito de vilipendio contra el comandante Chávez por unas declaraciones que hizo en una reciente reunión de la Sociedad Interamericana de Prensa en Aruba. Al poco tiempo lo liberaron, pero la privación de libertad se la llevó puesta. Álvarez Paz fue detenido el 22 de marzo acusado de ir contra la forma republicana de gobierno: había denunciado unos presuntos vínculos de altos funcionarios estatales con grupos vinculados al narcotráfico. La juez Afiuni fue detenida en diciembre tras haber acordado la puesta en libertad condicional de Eligio Cedeño, un empresario acusado de un presunto delito de "obtención fraudulenta de divisas", entre otros.

Con este panorama, no debe sorprendernos la falta de colaboración de Chávez con la Audiencia Nacional en la persecución de los etarras establecidos en Venezuela. Sí debe indignarnos, sin embargo, la pasividad de la diplomacia española cuya cabeza –el Ministro Moratinos- parece estar en tiempo de descuento mientras estudia el mapa de Córdoba por si sale elegido alcalde en las próximas municipales.

La diplomacia española ha logrado ciertos éxitos en estos años. Ahí está, por ejemplo, la firme defensa de la integridad territorial de Serbia frente a la declaración unilateral de la independencia de Kosovo. Sin embargo, el balance de todo el periodo sólo puede llevarnos al llanto. Desde la cercanía al régimen de los ayatollahs en Irán –que oprime a su propio pueblo y amenaza a sus vecinos- a las manifestaciones en apoyo de Hizbulá en 2006 encabezadas por líderes del PSOE hasta llegar a una Presidencia de la UE que va perdiendo el fuelle que nunca tuvo, el Ministro Moratinos y el Presidente del Gobierno han ido dilapidando el crédito internacional que España había acumulado durante muchos años.

Las confiscaciones de Evo Morales recibidas con sonrisas; los crímenes de los Castro amparados por el silencio; el desprecio por los opositores y la simpatía de los tiranos han llevado a España a una ambigüedad que sólo puede perjudicarla. Los piratas de todo el mundo ya saben a quién deben secuestrar para cobrar un buen rescate y huir con el dinero y la impunidad bajo el brazo. A ningún pirata le han pegado dos tiros para recuperar el botín y asegurarse de que el próximo se lo piense dos veces antes de meterse con los españoles.

He aquí el tamaño de nuestra tristeza en la cuestión venezolana, cubana, en la de los derechos humanos y en tantas otras. Cualquier tirano puede tomarle el pelo a España y seguir recibiendo besos y abrazos del Gobierno.

¿Hasta cuándo?

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