Regina Martínez Idarreta | Domingo 28 de marzo de 2010
Supongo que habrán oído hablar del programa Generación Ni-Ni, que emiten en La Sexta, esa cadena a la que le gusta presumir de su ética y profesionalidad. Ellos son, por ejemplo, quienes a través del genial Sé lo que hicisteis, empezaron a señalar las estupideces que circulaban por las televisiones españolas, ensañándose con especial virulencia con Telecinco, hasta el punto de que esta cadena logró una orden judicial que prohibía a La Sexta emitir sus imágenes.
Así, con la tranquila conciencia de quien se siente libre de pecado, La Sexta se lanzó a la aventura del programa más denigrante y perverso de la televisión, Generación Ni-Ni. La idea es sencilla. Consiste en juntar a ocho indeseables, que ni estudian ni trabajan, de ahí el título del programa, al modo Gran Hermano en una casa llena de cámaras. Prácticamente ninguno de ellos ha trabajado en su vida, ninguno ha terminado la ESO y subrayan como grandes logros gestas como no salir nunca de su habitación, no hablarse con nadie de su familia, haberse gastado el dinero de la factura de la luz en salir de fiesta –dejando sin luz a toda la familia-, o haber dejado el instituto porque ya no podía repetir más cursos.
Por supuesto, La Sexta, siguiendo el ejemplo de Telecinco en su día, que defendía el carácter de estudio sociológico del Gran Hermano, asegura que el objetivo del programa es dar nuevos valores a estas pobres víctimas de la “sociedad industrializada”, cuyo “núcleo familiar” no ha sabido o no ha podido transmitírselos. La culpa, como siempre, es de los padres, de la sociedad consumista y del capitalismo que aliena al buen salvaje que todos llevamos dentro, hasta convertirlo en un Ni-Ni desgraciado que, con un buen educador y unas cuantas técnicas pedagógicas último modelo, conseguirá sacar adelante el Einsten que lleva dentro.
Todo ello defendido con un lenguaje progre y grandilocuente, con ínfulas orteguianas, que describe a los angelitos como individuos “inmersos en su propio mundo, en su propia circunstancia”. A los chavales a educar que, por cierto, son todos mayores de edad, les acompañan dos psicólogos de esos a los que se les llena la boca utilizando palabrejas como “monitorización terapéutica” con las que decirlo todo y no decir nada. Vendehumos que juegan con fuego y que, además, pretenden dar lecciones de moral al mundo.
Y claro, como la responsabilidad siempre es de “entes” impersonales, del sistema y de las pelis americanas, La Sexta se limita a poner cara de preocupación y de enfado tranquilo cuando sus cachorros llevan a cabo un amago de violación colectiva frente a los cientos de cámaras que desdicen el carácter altruista y educacional del programa. Y así, los responsables del programa no hicieron nada por interrumpir un juego obsceno que empezó como una broma denigrante que una de las Ni-Ni aceptaba entre risas y que acabó con la chica tumbada en la cama, mientras tres homínidos restregaban sus penes por su cara, bajo la atenta y divertida mirada del resto de los habitantes de la casa, responsables del programa incluidos. Si en el Gran Hermano de Telecinco por levantar la voz de más se ha expulsado inmediatamente a concursantes, no puedo entender cómo un delito tipificado no sólo no ha motivado una investigación por parte de la Fiscalía, si no que los protagonistas del mismo sólo se han llevado una seria reprimenda de los psicólogos del programa.
Y, por supuesto, esa Sexta a la que tanto le preocupa la moral del país y la telebasura, que tan cercana se siente a la progresía social del Gobierno del ministerio de Igualdad, no tuvo sonrojo alguno en emitir las escenas, de forma que la denigración absoluta de la mujer o la posibilidad de llevar a cabo una violación colectiva pasan de ser delitos a faltas leves que se despachan con una bronca sin gritos, ni palabras altisonantes –no vaya a ser que nos tachen de impositores y derechosos-.
Eso desde el punto de vista de los derechos de la mujer. Desde el punto de vista social, resulta preocupante que la mayoría de edad ya se haya quedado en papel mojado, que cumplir 18 años no te haga responsable de nada. La culpa de lo malo que hagas ha sido de otros, por lo que no tienes que preocuparte de las consecuencias de tus problemas, los líos en los que te metas o las maldades que cometas, porque siempre habrá un buen psicólogo que descargará tus culpas en las espaldas de otros. Y ese es el mensaje que manda La Sexta, que se escuda en sus falsas buenas intenciones sociales para inocular en la sociedad el veneno de la desidia, de la falta de responsabilidad, de convertir en héroe y ejemplo al vago, al chulo de pacotilla, al idiota e incluso al violento.
Resulta que van a tener razón los de La Sexta y el poder contaminador del capitalismo y las sociedades industrializadas es tal, que ha conseguido pervertir a la cadena que con más ímpetu ha luchado contra él. Sólo así se entiende que la cadena de Miliquito haya acabado anteponiendo el negocio puro y duro, el morbo que trae audiencias, a sus principios sociales y los sinceros deseos de integración de los pobres Ni-Ni.
TEMAS RELACIONADOS: