Opinión

¿A quién beneficia el atentado?

José Antonio Sentís | Viernes 07 de marzo de 2008
El título que antecede es la pregunta perversa que siempre concita el ejercicio del terrorismo. Es exactamente lo que quieren los terroristas: causar la desintegración social y política, fomentar la impotencia y el desaliento. Y, en el caso del terrorismo nacionalista, fracturar al adversario estatal para engendrar por desistimiento otra realidad estatal.

Pues bien, de nuevo los terroristas, en este caso los de Eta, lo han vuelto a conseguir. Al borde mismo del final de la campaña electoral, dos partidos en disputa, una vez evidente su tristeza y la de todos los españoles por la crueldad que se ha cebado con un trabajador indefenso y con su destrozada familia, miden al milímetro las repercusiones de esta ignominia.

Es inevitable. Un atentado político tiene consecuencias políticas. La cuestión es saber en qué sentido. Dilucidar si puede afectar al voto ciudadano o, por encima de esa contingencia, a la política general del Estado, sea cual sea el gobierno que resulte de las urnas.

Estoy convencido de lo segundo. Eta ha decidido echar un órdago para arrancar la próxima Legislatura en posición de fuerza negociadora. Y, sin embargo, puede haber logrado exactamente lo contrario. Lo que le queda a Eta para su supervivencia es muy escaso. Un entorno político parcialmente consentido por la ensoñación de Zapatero sobre la paz. Ahí puede perder Eta muchas de sus esperanzas. Pero, es evidente que no todas. Todavía está vigente el abyecto permiso del Parlamento para negociar con Eta. Sin embargo, los márgenes socialistas para cualquier vía que no sea la ofensiva sin paliativos son cada día más estrechos. Y no digamos si el Gobierno tras el 9-M es del PP.

Por lo tanto, el atentado no beneficia a Eta, instalada en su desesperación asesina.

Respecto a la candidatura de Zapatero, su desliz de negociación política hace tiempo que se demostró un error. La muerte de un socialista de base nos lleva a todos a la compasión. El Gobierno, además, nunca, en ningún caso, puede ser responsable de los asesinatos que sólo incumben a la degeneración terrorista. El PSOE, por tanto, no debe perder un solo voto por esta desgracia colectiva. Sólo se le puede reclamar, sensu contrario, que jamás debió aprovechar otros asesinatos terroristas para echárselos a la cara de sus adversarios del PP. Y nunca debió decir que había una motivación (la guerra) para la anterior ofensiva terrorista, que fue como decir que había razones para el terrorismo. Ni las hubo entonces, justo en la víspera de la anterior campaña, ni las hay ahora.

En relación con el PP, tampoco nada debe influir en una variación del voto. El terrorismo es odioso, pero llevamos demasiados años con él a cuestas como para saber que gobiernos de UCD, del PSOE y del PP sufrieron terribles ofensivas de Eta y se mantuvieron en el poder. Sólo la extraordinaria conmoción y la perversa utilización (que ahora no se producirá) de una matanza terrorista en 2004 zarandeó decisivamente a los españoles. Pero eso sólo fue una excepción que no debe reproducirse y que no lo hará.

El asesinato de Isaías Carrasco ha alterado traumáticamente la vida de su familia. Eso es lo único importante, y la única "victoria" de los terroristas. Todos los demás, empezando por ellos, han perdido. Los jirones en los sentimientos de la sociedad española, sin embargo, no cambiarán ni ideología ni decisión electoral.

El domingo, ganará quien hubiera ganado. Sólo que su victoria tendrá un regusto amargo, porque nace con crespones.

La única forma de superar ese sentimiento es recordar que, aún sufriendo derrotas como este asesinato, hay que ganar la próxima batalla. Y no sólo contra los terroristas, sino contra lo que ellos quieren: la fragmentación de España de la mano de quienes comparten los objetivos terroristas, aunque no compartan sus métodos.

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