Opinión

Política racional versus política sentimental

David Ortega Gutiérrez | Martes 06 de abril de 2010
Decididamente hay algunas importantes realidades que tenemos que cambiar de nuestra vida política, para crecer y madurar como país democrático. Nuestras decisiones políticas siguen demasiado en el terreno de los sentimientos y todavía poco en el análisis objetivo y racional de la realidad que tenemos delante de nuestras narices. Hagamos un poco de memoria de acontecimientos recientes.

Lo que vemos con claridad en los demás, Hugo Chávez es un buen ejemplo, no lo apreciamos en nuestros políticos. Me explico. Si tengo un problema con España, porque parece que apoyo a una banda terrorista como ETA, digo que yo no tengo que dar cuenta del imperialista occidental y me remito a lo que pasó hace más de 500 años cuando fuimos conquistados por los españoles (¿?). Hugo Chávez es un caso claro de política sentimental, de manejar los sentimientos del pueblo para evitar dar explicaciones racionales de los problemas reales. Guardando las lógicas diferencias, veamos como funcionamos en nuestro país, hay algunos ejemplos realmente jugosos de política sentimental o primitiva frente a una política racional y democrática.

Hoy Cataluña tiene unos problemas verdaderamente serios, el sufrido pueblo catalán denuncia con claridad la inoperancia de sus políticos, a los que ve no como solución de sus problemas, sino como una causa importante de los mismos (vean las encuestas recientes del CIS al respecto). El crecimiento del PIB en Cataluña el pasado año fue el segundo peor de España (-4,69%). Su tasa de paro es superior a la de otras Comunidades como Navarra, País Vasco, Cantabria, Galicia, La Rioja, Aragón, Asturias, Castilla y León o Madrid. No son pocos los dineros públicos que se han destinado a un crecimiento desmesurado de la burocracia catalana, que no se han traducido en unos mejores servicios públicos en Justicia, Sanidad o Educación, por no hablar de los absurdos gastos en vender un nacionalismo decimonónico en el que cada vez creen menos los catalanes. Esto son datos verificables o política racional.

Pues con la que está cayendo, el Parlamento catalán y los políticos catalanes juegan una vez más la baza de la política sentimental, de base irracional. Dedican -con los problemas reales que tenemos-, su tiempo y nuestro dinero a debatir si toros sí o no en Cataluña. ¿Es este el principal problema que tiene el pobre pueblo catalán? Otro claro ejemplo de política sentimental fue el muy lamentable editorial conjunto de los medios de comunicación de Cataluña defendiendo el Estatut con el siguiente título: “La dignidad de Cataluña”. ¿Por qué se practica este tipo de política tercermundista? ¿Por qué no se afrontan los problemas con rigor, seriedad, debate y respeto por el Estado de Derecho? Necesitamos, es clarísimo, una mayor madurez democrática y dejar a un lado la política de los sentimientos, que tan malos resultados ha dado a la historia de España, en lo que parece que todo el universo político -y no nos olvidemos, mediático- existencial se reduce a ser de derechas o de izquierdas, no hay vida más allá.

Claro, aquí todos a pescar en río revuelto, irracionalidad sobre irracionalidad, sentimiento sobre sentimiento, y llega Esperanza Aguirre y declara en Madrid la Fiesta como “Bien de interés cultural”. Muy sensata y oportuna, capote en mano. ¡¡Estos son nuestros políticos!! Ya podría declarar “Bien de interés cultural” las bibliotecas de las universidades públicas madrileñas, a cuyo consorcio, de largo, es la Comunidad que menos paga. O ya se van a enterar los madrileños cuando a primeros de mayo entre en vigor la nueva Ley sobre la Nueva Oficina Judicial y los juzgados de la Comunidad de Madrid no hayan hecho nada para adaptarse ¡Olé! Pero no, aquí la política sentimental es la que da votos, no la racional. Si no que se lo digan al pobre Pizarro, que racionalmente dijo al pueblo español la verdad, mientras que el mentiroso Solbes se llevó el gato al agua. O a la pobre Rosa Diez, que dijo en público lo que en privado decimos 45 millones de españoles: que trabajas como un chino o que un gallego no se sabe si sube o baja una escalera, pero esta es la política de los sentimientos, donde no se perdona el más mínimo desliz… y arde Galicia (¿?).

En fin, sólo hay un camino, lo digo desde hace muchos años, la revolución pendiente en España no es económica, incluso ni política, es básicamente cultural, educativa. Sólo la educación o cultura cívica y el mejor compromiso político, nos salvará del marketing, del humo, de la manipulación y el engaño de este dañino microcosmos político-mediático (con el principal protagonismo de un PSOE/PP que están profundamente agotados)

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