Antonio D. Olano | Viernes 09 de abril de 2010
Cristóbal Colón ha sido, desde su propio descubrimiento porque a él no solamente lo descubrieron sino que lo están redescubriendo todos los días, un personaje permanente en nuestra memoria, luego la verdaderamente histórica, no la que persigue con saña a los personajes que no son gratos para los actuales inquisidores.
Nadie consigue el “estatus” de seriedad hasta que se convierte en famoso seguido y parodiado por el mejor humor. Así un actor muy importante, Alberto Closas, además de recoger de Rafael Rivelles el testigo de la naturalidad sobre el escenario, tuvo tiempo para dedicarse a otras actividades: cine, televisión, grabación de discos( entonces vinilos) dedicados a los niños; pero a la vez aptos para mayores. Cantiñeaba:
Y Colón fue un gran hombre,
Un hombre de gran valor.
Fue el primer hombre
Que puso un huevo de pie
Indudablemente les caía bien a los Reyes Católicos que lo invitaban a tomar el cefelito con ellos:
Isabel y don Fernando,
Que el café estaban tomando
A Colón piden de nuevo
Que ponga un huevo de pie.
Un ingeniero industrial e historiador, Enseñat de Villalonga. Descarta que Colón fuese catalán o balear. Refuerza la teoría de su origen genovés, de noble linaje. Hala, hala, todos contra Colón- Desde que un verdadero genio, Agustín de Foxá, cabreado con el universo mundo, brindó con quienes le ofrecían un homenaje de despedida en Buenos Aires-.Dijo:
-¡Colón, esas cosas se descubren; pero no se dicen!
Eran calendas en las que los ingeniosos hidalgos ya no perdían la vida por delicadeza; pero si por mostrar su talento.
Se despedía de la capital argentina –para mi la primera ciudad europea- don Jacinto0 Benavente, al que acababan de conceder el Premio Nóbel de Literatura. La noticia ocupaba un pequeño espacio en la prensa local que aquella mañana dedicaba páginas enteras a los héroes del hipódromo.
- ¿Cuándo volverá a La Argentina?, le preguntó un periodista.
- Cuando sea caballo- respondió el escritor.
Cristóbal Colón no está de suerte. El Alcalde madrileño acordó reformar la plaza un largo tiempo dedicada al descubridor . Nos dejó sin las muy refrescantes y diuréticas fuentes y ordenó enviar la estatua de Colón al lugar que había ocupado años hace. Según taxistas, maestros de la ciudad y automovilistas varios, trastornó, escachifolló el tráfico y se sumó al reinado de los embotellamientos.
Desde entonces todos miran a Colón con ira. Le hacen responsable de que el Paseo de la Castellana sea intransitable. Todos los improperios van dirigidos a su vera efigie. Se le llama de todo menos bonito. Yo, en el fondo me alegro de que mis paisanos los gallegos (soy madrigallego, dixit Borobó) no discutan más la paternidad y maternidad de un Colón galaico.
Por perder, hasta ha perdido su supremacía sobre los productos gallináceos. Le ha ganado la partida Lucio en su mesón, antiguo del “Segoviano”. Lucio ennobleció sus huevos hasta convertirlos en plato estrella y dar su nombre a uno de sus restaurantes de la Cava Baja. Los hizo tan populares que un matrimonio extranjero –me lo cuenta un taxista- le pidió:
- Llévenos a una calle que se llama los huevos de Lucio.
Lo que le faltaba al descubridor. Un mano a mano para determinar la supremacía de sus huevos en disputa con los del popularísimo Lucio. Mano a mano por su supremacía en cuestión de los óvulos de la gallina.
`¡ Cuestión de huevos!. Trillo podría repetir en estos momentos su célebre frase, suficiente para pasar a la Historia:
¡Manda huevos!.
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