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Jeremy Rifkin: La civilización empática. La carrera hacia una conciencia global en un mundo en crisis

reseña

Sábado 10 de abril de 2010
Jeremy Rifkin: La civilización empática. La carrera hacia una conciencia global en un mundo en crisis. Traducción de Genís Sánchez Barberán y Vanesa Casanova. Paidós. Madrid, 2010. 704 páginas. 26,50 €


Ecos rousseaunianos con algún que otro ritornelo hegeliano resuenan en esta nueva obra de Jeremy Rifkin, que problematiza la naturaleza humana, el suceder de la historia tal y como ha sido entendido hasta ahora y el concepto mismo de civilización, que queda abierto a los nuevos horizontes de la conciencia empática.

La revolución neurocientífica ocupa un lugar esencial en el libro; las neuronas-espejo nos permiten simular la mente de otros y esto afectará al concepto de naturaleza humana que hasta ahora tenemos. El homo homini lupus hobbesiano, demasiado preocupado por sí mismo como para sentir cómo se sienten los demás, es superado por las conexiones empáticas que crean los nuevos lazos sociales. Las revolucionarias neuronas-espejo de cada uno, al ponerse en el lugar de cada otro y las de cada otro en el de cada uno, de tal manera que poniéndose dentro de todos no se ponen en nadie, resuelven el problema fundamental de la filosofía política. “La empatía es, entonces, el alma de la democracia”.

Rifkin repasa la historia humana desde las civilizaciones teológicas, pasando por la que denomina “etapa ideológica” de los siglos XVIII y XIX hasta llegar a la era psicológica que definió al siglo XX. Las interpretaciones heterodoxas del freudismo, que niegan una naturaleza humana egoísta o la visión darwiniana en la que no es tanto la competencia sino la cooperación la clave para la supervivencia, contribuyen a fundamentar su hipótesis. La comunicación empática generará una expansión de la conciencia humana, transformada en conciencia biosférica; el consumo de los recursos debe limitarse para completar su integración y evitar el colapso planetario.

Rifkin ha elaborado un estudio multidisciplinar, reafirmando el optimismo antropológico en un momento donde la confianza se encuentra debilitada y son necesarias nuevas ideas para soldar los vínculos sociales. No obstante, conviene recordar, con Foucault, que las discontinuidades y las rupturas nos atraviesan; y dar a luz la oculta historia empática de las relaciones humanas, por mucho que prometa, parece un horizonte excesivo.

Por Joaquín Fernández Mateo

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