Opinión

La cultura de la irresponsabilidad o la banalización del Aborto

Sábado 10 de abril de 2010
Prestar la debida atención a la salud pública es tarea de toda administración, sea estatal, autonómica o local. En España, dado que las transferencias en materia de sanidad están transferidas, son las comunidades autónomas las que llevan a cabo este cometido. Ocurre que, en algunas de ellas, de vez en cuando surgen iniciativas tan peregrinas como difíciles de justificar. Es el caso de Andalucía, donde el Instituto Andaluz de la Juventud ha incluido en su lista de establecimientos adheridos a los descuentos del popular “carnet joven” clínicas abortistas y farmacias en las que adquirir la píldora del día después. O lo que es lo mismo, con la misma tarjeta se pueden obtener descuentos para ir al cine, comprar unas gafas o abortar.

Por encima de consideraciones de índole moral o religiosa, todo el mundo coincide en que el aborto es un tema como para tomarlo muy en serio. Exactamente igual que la llamada “píldora del día después”, un fármaco que puede tener efectos secundarios y que, como tal, lo suyo sería que se dispensase bajo prescripción facultativa y no de manera totalmente discrecional –salvo que se equiparen ambas intervenciones a métodos anticonceptivos, con las consecuencias que una política tal tendría en cuanto a la propagación de enfermedades infecciosas de trasmisión sexual. Equiparar un aborto con una sesión de cine y palomitas es tanto como banalizar una cuestión de la mayor trascendencia; máxime, si se trata de una persona joven. Es un ejemplo más de la cultura de la irresponsabilidad. Hay otros modos de atender la salud sexual de los jóvenes y ésta desde luego que no es la más adecuada. Bien está que se articulen las medidas necesarias para que todo aquel joven que lo precise tenga acceso al mayor volumen de información posible y que la atención que se ponga a su disposición sea la más adecuada. Pero esos mismos jóvenes han de ser conscientes también de la trascendencia de determinados actos y las consecuencias que de ellos se pueden derivar. Caso contrario, se estaría educando no en valores, sino en principios relativistas en absoluto recomendables a la hora de inculcar la importancia de asumir responsabilidades.

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