Opinión

Sudáfrica revive sus peores fantasmas

Lunes 12 de abril de 2010
El asesinato del líder supremacista del Afrikaner Weerstands-Beweging (AWB), Eugene Terre'Blanche, a manos de dos de sus empleados negros, ha recordado a muchos tiempos felizmente superados. Desde que a principios de los años noventa se aboliera el apartheid y Nelson Mandela alcanzase la presidencia del país en 1994, la situación había tomado un cariz diferente, si bien dista aún mucho de estar normalizada. La tensión entre blancos y negros sigue latente, toda vez que los primeros siguen controlando los principales resortes de poder -sobre todo económicos- mientras que las condiciones de vida de los segundos han mejorado en lo que a libertades públicas se refiere, aunque su precariedad económica sigue siendo palmaria.


De ahí que actitudes como la del jefe de la rama juvenil del Congreso Nacional Africano (CNA), Julius Malema, quien esta misma semana hacía un llamamiento a la nacionalización de las minas de Sudáfrica y manifestaba su apoyo explícito al presidente de Zimbabue, sean como apagar un incendio con gasolina. Con todo, no son los únicos problemas que le causan los jóvenes del CNA al presidente sudafricano, Jacob Zuma. También esta misma semana, Malema se despachaba a gusto con un periodista blanco, al que dedicaba toda suerte de improperios raciales. En la misma línea, incitaba a seguir cantando en público una canción titulada “kill the boer” -“mata al boer”-, prohibida por motivos evidentes.

Y no vale el argumento de que la canción, todo un himno en los tiempos de lucha anti apartheid, sirve para rememorar la época de resistencia ante la opresión blanca. Hay muchas formas de recordar y, desde luego, incitar al asesinato no parece la más apropiada. Pero además, tomar como modelo a un hombre como Mugabe que no sólo ha empobrecido a Zimbabwe hasta límites insospechados sino que ha azuzado el odio visceral hacia la minoría blanca es tomar una senda de todo punto equivocada. Zuma tiene ante sí el difícil reto de no dilapidar el enorme legado que le dejó Nelson Mandela. Más le vale cuidarlo.