Opinión

Muere en Nagasaki la doble víctima de las dos bombas atómicas

Hidehito Higashitani | Lunes 12 de abril de 2010
Tsutomu Yamaguchi, el único superviviente conocido de la explosión de las dos bombas atómicas de Hiroshima y de Nagasaki, murió de cáncer de estómago a los 93 años de edad en el pasado mes de enero en Nagasaki, su ciudad natal. Era la única persona que pudo sobrevivir las dos explosiones nucleares aunque se estima que, aparte de él, existen unos diez casos similares, pero no están registrados oficialmente por el gobierno.

Cuando se estalló la Segunda Guerra Mundial, Yamaguchi trabajaba como delineante en el departamento de planificación del astillero de Nagasaki de la empresa constructora naviera Mitsubishi dedicándose a la construcción de barcos de carga para fines logísticos y militares.

En su libro de memorias publicado en 2007 por la editorial Kôdansha de Tokio con el título de Vivir la vida que me han regalado: Testimonio de un anciano de 90 años nos cuenta detalladamente su única y peculiarísima experiencia que tuvo durante la pasada Guerra del Pacífico:

En mayo de 1945, estando ya en plena guerra contra Estados Unidos, Yamaguchi, por indicación de su superior, se desplaza a Hiroshima, que se encuentra a unos trescientos kilómetros de distancia de Nagasaki, destinado allí por tres meses de plazo –concretamente hasta el día 7 de agosto- para trabajar en el astillero de la misma compañía Mitsubishi situado en dicha ciudad. De esta manera, durante los meses de mayo, junio y julio realiza su trabajo de delineante en el astillero de Hiroshima y cumple fielmente con su deber todos los días.

Y por la mañana del día 6 de agosto –es decir un día antes de su esperado regreso a Nagasaki- caminando como todas las mañanas hacia el lugar de su trabajo habitual junto al puerto de Hiroshima, Yamaguchi presencia un extraño fenómeno con sus propios ojos en el cielo: observa que vienen bajando a unos tres kilómetros de distancia de donde se encuentra él dos pequeños paracaídas de color blanco lanzados por el avión americano B-29 que sobrevuela la ciudad justo en ese momento. Y al acto seguido, acompañado de una detonación tremenda advierte que se ilumina de repente toda el área de alrededor por una luz cegadora y ve en menos de un segundo crecer una bola de fuego gigantesca. Y a continuación Yamaguchi es arrastrado por una fortísima corriente de aire producida por la detonación y pierde el conocimiento.

Cuando al cabo de unos minutos vuelve en sí, se da cuenta de que está herido de gravedad con quemaduras en el lado izquierdo del cuerpo.

Sin embargo, Yamaguchi, a pesar de sus quemaduras y heridas, movido por su sentido de responsabilidad profesional, decide volver a Nagasaki al día siguiente para cumplir con la indicación anteriormente dada por su superior. Y después de aplicarse a su manera unos medicamentos de urgencia, consigue una plaza en el tren que se dirige hacia Nagasaki el día 7 por la tarde. De esta manera, después de 12 horas de viaje regresa a Nagasaki el día 8 de agosto. Llega a su casa donde le esperan su mujer y el niño de seis meses y al día siguiente -el 9 de agosto por la manaña-, hace su acto de presencia con el cuerpo lleno de vendajes en la oficina de Mitsubishi para informar de su situación a su superior. Le cuenta lo que ha ocurrido en Hiroshima y justo en mitad de esta conversación, oye de nuevo una detonación nuclear y siente un resplandor que le ciega.

Eran las once de la mañana. Se encontraba una vez más a unos tres kilómetros del centro de la explosión y de nuevo pudo sobrevivir.

Yamaguchi, aparte de este libro de memorias, también nos ha dejado una película documental titulada Víctimas sobrevivientes de los dos bombardeos nucleares (“Nijû Hibaku”, en japonés) realizada en 2005 por el director Ryô Aoki, en la que cuenta su experiencia personal vivida en Hiroshima y Nagasaki. La película fue proyectada en Nueva York en la Sede de la ONU en agosto de 2006. Yamaguchi aprovechó esta ocasión para asistir al acto e insistir en la necesidad de acabar con el armamento nuclear y dejó una profunda impresión entre los asistentes al acto.

Luego más tarde, ya en las fechas más recientes, Yamaguchi recibió en su lecho de muerte, en diciembre del año pasado, al director de cine de Hollywood James Cameron, conocido por sus películas taquilleras como Titanic y Avatar, y al escritor americano Charles Pellegrino, quienes fueron juntos a visitarle hasta Nagasaki para “conocerle personalmente y para poder transmitir a la posteridad su peculiar experiencia”, según las palabras del director Cameron.

La película parece que está todavía en fase de preyecto, pero se supone que va a estar basada en la novela recién publicada de Charles Pellegrino titulada “The Last Train from Hiroshima” (El último tren desde Hiroshima).

Hace justamente un año desde que el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, pronunció su memorable discurso en la plaza Hradcany de Praga en contra de la proliferación de armamento nuclear, insistiendo en la urgencia de dar “pasos concretos” para acabar con él. Y hay que decir también que somos totalmente conscientes de que “la existencia de miles de armas nucleares es el legado más peligroso de la Guerra Fría” y que “una bomba nuclear explosionada en una ciudad –sea en Nueva York, Moscú, Islamabad, Mumbai, Tokio, Tel Aviv, París o Praga- podría matar a cientos de miles de personas” como bien advierte Obama es su discurso.

Ya es hora de que todos los dirigentes del mundo se den cuenta de lo absurdo que es poseer esa arma tan inhumana y que escuchen con atención a esa voz de alarma y de conciencia que da Yamaguchi para no repetir aquella estupidez cuya consecuencia ha tenido que sufrir y soportar este humilde ingeniero durante más de 60 años de su vida.

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