Lunes 12 de abril de 2010
Tiene razón José Luis Rodríguez Zapatero cuando afirma que los mercados se mueven impulsados por la confianza. Pero esa confianza se basa en datos contrastados y no en brindis al sol. Así las cosas, el último indicador conocido hace retroceder a España tres posiciones en el ranking de países más ricos, pasando del noveno lugar al duodécimo. No es un frenazo, sino una marcha atrás en toda regla; algo que, por otra parte, da al traste con los últimos fuegos de artificio de Moncloa acerca de una posible recuperación económica. Ni brotes verdes, ni luz al final del túnel, ni nada de nada. España sigue en franca recesión, mientras el Gobierno monta fotos en el palacete de Zurbano y prepara otra operación cosmética que verá la luz esta semana, con el marco laboral como telón de fondo.
Empiezan a escucharse ya algunas voces críticas dentro del entorno socialista. Con todo, aún son pocas, y no demasiado altas. Tienen ahora una nueva ocasión de pronunciarse con motivo de la última ocurrencia del Presidente del Gobierno, quien ahora sostiene que reducirá el déficit cueste lo que cueste. ¿Cómo? Eso ya es harina de otro costal. Efectivamente, la reducción del déficit debe ser una de las prioridades del Ejecutivo; claro que, para ello, no bastan buenas palabras, sino que hace falta articular medidas concretas. Y con casi cuatro millones y medio de parados -muchos de ellos de larga duración- y subiendo, hay muy poco margen de maniobra. Si a ello sumamos la manga ancha del Gobierno con el gasto de las autonomías y el despilfarro de dinero público que no cesa, que el señor Zapatero diga que en 2010 pretende reducir el déficit en 2,5 puntos parece casi una broma difícil de creer. Y ese tipo de bromas no suelen gustar en los mercados financieros, poco dados a las elucubraciones demagógicas. O el Gobierno es capaz de revertir objetivamente los datos económicos, o su palabrería hueca seguirá dando disgustos a una economía española cada vez más desgobernada.
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