A pesar de lo mucho que se jugaban aunque por razones antagónicas, ni Zaragoza ni Mallorca demostraron en su enfrentamiento un excesivo interés en buscar la victoria y sumar los tres puntos que tan bien les hubiesen ido a los primeros para alejarse de los puestos de descenso, y a los isleños para acabar la jornada con ventaja en posición de Liga de Campeones.
Los zaragocistas saltaron al terreno de juego con ganas tratando de intimidar a un rival que supo frenar la avalancha inicial y poco a poco ir tomando la medida del partido, y empezar a amenazar las inmediaciones del área local.
Los hombres de
Gregorio Manzano intentaban sorprender a los blanquillos mirando siempre hacia la portería de
Roberto, y a los doce minutos se produjo una notable combinación entre
Felipe Mattioni y Borja Valero, con centro del primero que
Aduriz, a bocajarro, no transformó en gol por una gran intervención del cancerbero zaragocista.
El córner, consecuencia del remate de
Aduriz, lo transformó en gol el defensa
Rubén, con un remate de cabeza anticipándose a la defensa maña.
El miedo se metió en el cuerpo tanto de los jugadores como de sus aficionados que sabían lo mucho que había en juego ante los mallorquines, sobre todo después de las victorias de Tenerife y Valladolid el día anterior.
Los zaragocistas no lograban llegar con claridad hasta la portería visitante hasta que
'Chupete' Suazo recibió un balón largo de
Ponzio y viendo adelantado a
Aouate lo superó con una suave vaselina.
El conjunto de
José Aurelio Gay recuperó el pulso al encuentro y puso en evidencia los problemas defensivos de su rival pero no consiguió irse al descanso con ventaja, a pesar de un remate franco de
Arizmendi de cabeza que se fue alto a la media hora.
El respeto entre ambos contendientes se hizo patente tras el paso por el vestuario, en el que el centrocampismo se adueñó de las acciones de unos y otros y el peligro no llegaba a ninguna de las porterías.
La primera acción de peligro tardó más de un cuarto de hora en producirse con una falta lanzada por
Gabi que remató de cabeza por encima de la portería
Edmilson.
El conformismo se adueñó del fútbol ante dos equipos excesivamente conformistas, hasta que a la media hora en una de los escasos contragolpes visitantes
Adúriz no acertó en su último regate que le hubiese dejado solo ante
Roberto.
Poco después
Adúriz remató solo dentro del área al fondo de las mallas de un gran cabezazo pero el colegiado lo invalidó por fuera de juego.
La última acción de peligro fue para los zaragocistas por medio de
Arizmendi que casi sin hueco intentó sorprender a
Aouate.