Jordi Canal | Lunes 19 de abril de 2010
Los artículos y las intervenciones en la radio y en la televisión de la periodista y escritora catalana Pilar Rahola no me dejan nunca indiferente. Me entusiasman o me indignan, según los casos. No hay término medio. Eso significa, lo que para mí resulta de importancia capital, que las cosas que dice y escribe me interesan. Debo añadir que la Rahola de hoy ya no es aquella chica que se metió en política con Angel Colom en un proyecto algo abracadabrante, como lo han sido y lo siguen siendo todos los vinculados con ERC –incluido el nefasto Tripartito de ayer y hoy- desde la recuperación de la democracia en España. Ha madurado enormemente y sus opiniones cuentan mucho. Las columnas de Rahola en La Vanguardia, igualmente como las de algunos otros colaboradores del diario –pienso, sobre todo, en Antoni Puigverd o en Francesc-Marc Alvaro- tienen un gran nivel.
Pilar Rahola acaba de publicar un libro, La màscara del rei Artur [La máscara del rey Artur], que a la manera de Yasmina Reza con Nicolas Sarkozy, intenta descubrirnos quién es, en realidad, el líder convergente Artur Mas. ¿Y cómo es Él?, se pregunta la autora, así, en mayúscula y como en la canción de José Luis Perales. Para ello emprende la labor de desenmascarar al político –el futuro presidente de la Generalitat, según muchas encuestas-, en el buen sentido del término, esto es, mostrarnos lo que la máscara esconde, lo personal, lo íntimo, lo verdadero. Y, debo reconocerlo, lo consigue con éxito. Este libro se sitúa, con respecto a mis propias apreciaciones de las cosas de Pilar Rahola, entre los que me han gustado. Lo que no significa que esté de acuerdo con muchas de sus apreciaciones. La crítica basada en el simple matiz ideológico, tan frecuente en nuestra sociedad, me cansa y me aburre. También en lo personal, al leerlo he entendido qué hacía la autora, aquel día de febrero en que un buen amigo diputado y alcalde me la presentó en el restaurante del Parlament catalán, sentada en la mesa con otro diputado convergente y armada con libretas, notas y una grabadora.
La obra de Rahola consigue humanizar al líder nacionalista, frente a la tendencia que desde hace años intentan enraizar, con relativo éxito, sus opositores políticos. Nos descubre a un político sólido y de fuertes convicciones, independiente, que valora la excelencia y que, a diferencia de buena parte de la actual clase política, no ha estado siempre en la política. Un líder muy distinto, sin embargo, de Jordi Pujol. La autora combina las notas cortas, a manera de dietario, con fragmentos de conversaciones y entrevistas. El resultado es un producto literario ágil y de amena lectura. Ha tenido el privilegio de seguir a Artur Mas, a Él, durante semanas y mantener múltiples entrevistas, además de hablar con sus colaboradores y personas próximas. La adición de algunos acerados comentarios de la autora, ya sea sobre personajes de la política catalana de poca talla y demasiado poder como Puigcercós o Carod-Rovira, o sobre la mediocridad ambiental, confieren todavía más interés a su relato.
La parte, a mi juicio, más interesante del libro es la dedicada a desmontar las leyendas urbanas que han circulado, alimentadas en muchos casos por sus oponentes –internos y externos-, sobre Artur Mas. Aquí tienen un surtido decálogo: es vanidoso y prepotente, está abducido por el “pinyol” de su partido, no tiene capacidad de lideraje, no es amigo de Pujol, no se trata con Duran Lleida, forma parte del “prenafetismo” (del otrora todopoderoso Prenafeta), no sabe tender puentes de diálogo, la persona que más le influencia es David Madí, no tiene nivel, él y su mujer son unos pijos. Pilar Rahola muestra a lo largo del libro la falsedad de estos lugares comunes. En especial, del primero, que su alter-ego en el programa de sátira política de la televisión autonómica catalana Polònia, al grito de ¡Guapo!, ha conseguido generalizar. Como me comentaba con razón un día, mientras comíamos, mi amigo August Rafanell, el personaje satirizado de Artur Mas constituye el único caso al que se le atribuye maldad. ¡Cosas de la televisión social-independentista!
En cualquier caso, me parece que la única leyenda urbana que no acaba de echar totalmente por los suelos Pilar Rahola es la que se refiere a la influencia del llamado “pinyol” –el hueso-, ese núcleo de Convergencia formado por jóvenes post-pujolistas e independentistas, como David Madí, Francesc Homs, Lluís Corominas, Felip Puig y el hijo del ex presidente Oriol Pujol. Pese a sus intentos, tanto el papel que se les atribuye como la propia influencia que todos ellos se arrogan es colosal. Esta es, me parece, la gran asignatura pendiente del candidato Artur Mas: mostrar que puede ser una alternativa de gobierno centrada y moderada, alejada de las aventuras irresponsables del soberanismo y del independentismo. Seguramente se encuentra ya en el buen camino, pero no resulta todavía suficiente. Al margen de esta cuestión, tras la lectura del libro de Pilar Rahola un par de conclusiones se imponen: una, la autora ha hecho un excelente trabajo; dos, Artur Mas es un candidato a la presidencia de la Generalitat de gran talla. No es mi opción y no le votaré, pero me parece que puede llegar a ser un buen President. Aunque, bien es cierto, el listón, hoy por hoy, está por los suelos.
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