Sábado 24 de abril de 2010
No es nueva la moda que se ha impuesto en Latinoamérica de la reelección presidencial. Sabemos que países como Venezuela, Ecuador o Bolivia la han seguido sin mayores inconvenientes y mucho menos obstáculos, y un caso similar observamos en Argentina en donde si bien el poder cambió de manos, este no salió del núcleo “familiar” formado por el matrimonio Kirchner-Fernández.
No muy lejos se encuentran Colombia, en donde el Congreso de ese país desestimó hace poco una reforma de ley que abría la posibilidad a Álvaro Uribe a acceder a un tercer mandato consecutivo, o lo que actualmente está sucediendo en Nicaragua, país que en los últimos días ha estado inmerso en el caos a causa del asedio por parte de militantes oficialistas hacia los parlamentarios opositores a Daniel Ortega, quienes consideran anticonstitucional la aprobación de una serie de reformas que le darían al líder sandinista vía libre a la reelección.
El último en proclamarse en este sentido fue sorpresivamente el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. Lula que en el mes de octubre deja el cargo, aseguró a la revista ‘Correio Braziliense’ que las “dificultades burocráticas” impiden desarrollar los proyectos en un sólo mandato, por lo que reivindica y corrige su postura sobre la reelección.
Ante semejantes antecedentes cabe preguntarse ¿Qué tiene América Latina que sus presidentes quieren perpetuarse en el poder de un Estado con “dificultades burocráticas”?
Quizá la respuesta radica en que sus países presentan democracias más presidencialistas que parlamentarias o que los errores políticos del pasado han dado espacio a que el populismo llene falsamente los vacíos de poder y liderazgo. La dependencia hacia un modelo político único, corre el riesgo de derivar consecuencias nefastas, más para una región que según el FMI crecerá en un 4% este año.
Esta locura reeleccionista es sólo un claro síntoma del retroceso que experimenta las democracias latinoamericanas y que se observa en vértices como la Libertad de Expresión y los Derechos Humanos. Dos componentes que despiertan la preocupación tanto en la OEA como en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, cuyos informes se presentaron esta semana con preocupantes resultados, planteando la duda si la verdadera “dificultad burocrática” que tantas trabas suponen para los Jefes de Estado, se encuentra en realidad en el Estado en sí o es un defecto de “fabrica” que acompaña a sus gobernantes.
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