Opinión

Brasil como actor global: El caso iraní

Paulo Botta | Lunes 26 de abril de 2010
En las últimas dos semanas Brasil ha propuesto un plan alternativo al de las sanciones internacionales en las mismas narices de Barack Obama durante la cumbre internacional de seguridad nuclear celebrada en Washington. De vuelta a su país Lula da Silva ha sido el anfitrión del Foro IBSA (India, Brasil y Sudáfrica) y de la II Cumbre del BRIC (Brasil, Rusia, India y China) y esta semana su Ministro de Relaciones Exteriores ha visitado Turquía, Rusia e Irán luego de una pequeña escala en Madrid donde se reunió con el Ministro de Asuntos Exteriores de España, Miguel Ángel Moratinos, y con Catherine Ashton, Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. Mientras tanto, el presidente libanés, Michel Suleiman, visitaba oficialmente aquel país latinoamericano.

Si le agregamos que Brasil ocupa un asiento como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, a la vez que no oculta su deseo de ocupar un asiento permanente en caso de una eventual reforma de ese organismo, podemos señalar sin temor a equivocarnos que Brasil es en la actualidad un verdadero actor global con intereses globales dispuesto a ocupar su lugar entre los países más importantes del mundo.

El tamaño de su población, de su PIB y sobre todo, su voluntad hacen que en el mundo cada vez más multipolar en el que vivimos haya que seguir de cerca lo que se piensa y hace en Brasilia como se hace con Washington, Paris, Londres o Pekín.

En lo que se refiere al tema iraní, la próxima visita del presidente brasilero a Teherán, agendada para el 15 de Mayo será un punto de inflexión en este tema de gran trascendencia internacional. En primer lugar porque el pragmatismo brasilero (acompañado en este caso por el gobierno turco que también ocupa un asiento como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas), podría convertirse en una nueva oportunidad para la diplomacia en lugar de una nueva resolución con sanciones internacionales, algo que seguramente no podrá tratarse en el mes de Mayo durante el cual Líbano asumirá la presidencia de este organismo o durante Junio cuando lo hará México, países no muy convencidos de la utilidad de nuevas sanciones, sin mencionar las dudas de China, miembro permanente con derecho de veto en el Consejo de Seguridad.

Si la iniciativa turco-brasilera tiene éxito y logra convencer a los iraníes, sería un gran éxito sobre todo para el gobierno de Lula a menos de seis meses de las próximas elecciones presidenciales. De allí el interés de la cancillería brasilera donde se combinan elementos de política interna y política externa. Ante quienes tratan de inocentes (naif) a las iniciativas diplomáticas brasileras les ha respondido el mismo Celso Amorim dicendo diciendo que lo inocente es creer a pie juntillas lo que afirman los servicios de inteligencia norteamericanos, haciendo referencia al caso iraquí, que no debe ser olvidado.

Nos atrevemos a afirmar que desde Teherán se ve con mejores ojos a Brasil que a Venezuela, no solo por el hecho de que Brasil es el principal socio comercial iraní en América Latina sino porque internamente al gobierno de Ahmadineyad, que pese a que ya no está en los titulares de los medios de comunicación occidentales aún no ha podido solucionar los principales problemas de Irán, le es mucho más beneficioso aparecer al lado de Lula que de Chávez.

En definitiva, el ingreso de Brasil como actor global representa más una oportunidad que una amenaza. Es un baño de realismo para el sistema internacional. De la misma manera que es imposible entender América Latina sin Brasil, resulta complicado entender el mundo sin la octava economía en términos de PIB.

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