José Antonio Sentís | Martes 27 de abril de 2010
Su predecesor, Felipe González, instituyó un lema de campaña: “Por el cambio”. No había sido el primero, y, después de él, muchos otros lo han utilizado. De hecho, es el lema más sobado de las campañas electorales para los partidos que quieren conquistar el poder desde la oposición.
A Zapatero, esa idea minimalista en lo político y simple como un cubo le gustaría mucho. Pero, obviamente, desde el poder no se puede pedir “el cambio”, aunque él, que se pasa la vida en el monte político, como si fuera el débil y entusiasta revolucionario que quiere acabar con la oligarquía opresora, estaría encantado de usarlo. Y, de hecho, lo hace: “Por el cambio de la Historia”. Pero no suena bien en una campaña de las nuestras.
De ahí que Zapatero haya encontrado otro lema, que no sé como traducirá en lo literal, ni qué palabras encontrará para expresarlo, pero que ya está claro. Su eslogan va a ser “Por las dos Españas”. Porque lo cree y, sobre todo, porque cree que vende y que le llevará a la victoria.
La reflexión socialista, según se demuestra día a día, es que la confrontación entre las llamadas y aparentemente extintas dos Españas le beneficia en el mercado nacional del voto.
Ni Zapatero, ni su Gobierno, han hecho absolutamente nada durante seis años (¡Dios mío, ya seis!) para integrar los esfuerzos nacionales bajo la dirección ganada en las urnas. Por el contrario, todo su empeño ha sido llevar al extrarradio del sistema a la oposición política del PP, anatematizado como la derecha reaccionaria, como la herencia viva del franquismo. O, incluso más. Como el recuerdo belicista de los fascismos.
La falsedad y la contradicción en los términos de la lógica no han impedido esta masiva campaña. Y, en determinados sectores ha calado. Por eso, no es raro ver manifestaciones ahora ¡contra el franquismo! (ya se hubiera podido empeñar el PSOE en hacerlas cuando el dictador estaba vivo, porque en esos años los únicos que se movían eran los comunistas, y los socialistas estaban de vacaciones).
Y, también por eso, los socialistas de Zapatero se han empeñado en tildar de fascistas (o torturadores) a cuantos miembros de las instituciones del Estado no se plieguen a sus intereses políticos
Por el contrario, los socialistas han jaleado el esperpento nacional del reparto del poder por centrifugación con las comunidades autónomas, o la quiebra educativa en la principal asignatura para la próxima generación: los valores de la convivencia, la solidaridad, el esfuerzo.
Todo por una sola cosa: ellos entienden que hay más parte de la sociedad en su supuesto bando que en el contrario. Luego, sólo con motivar a los suyos, sin ganarse a ningún ajeno, pueden ganar las elecciones, a costa de crispar al límite a la sociedad española.
Como Zapatero ya ha demostrado su radical incompetencia en la gestión, y no tiene esperanza alguna de que pueda dar alguna salida razonable a la crisis que no sea espontánea (es decir, ya todo el mundo sabe que la recuperación nunca será por él, sino pese a él), su única esperanza es fragmentar a la sociedad en sus sentimientos a modo de las trincheras de una batalla. Concretamente, de una de la Guerra Civil.
“No pasarán”. “A las barricadas “. En eso estamos, ay Carmela.
TEMAS RELACIONADOS: