Mientras el número de organismos internacionales, instituciones económicas y entidades financieras instan a los países de la eurozona a ayudar económicamente a Grecia para salvar al país heleno de la peor crisis de su historia, dos de los motores socioeconómicos del viejo continente evitan aprobar el paquete de medidas y hasta ven con reticencias el mismo. ¿Qué hay detrás de las negativas angloalemanas? ¿Son ciertos los motivos que esgrimen o hay algo más detrás?
En las últimas semanas, tanto Angela Merkel, canciller alemana, como Gordon Brown, primer ministro británico, han llamado a la prudencia a la hora de afrontar el paquete de medidas económicas para salvar a Grecia de la complicada situación por la que atraviesa. Mientras, el
Fondo Monetario Internacional (FMI), el
Banco Central Europeo (BCE), la
Organización Mundial del Comercio (OMC) y un sinfín de entidades financieras recomiendan acelerar estas ayudas para que no se inicie un efecto dominó en la eurozona agravado por la precaria estabilidad de Portugal, España o Irlanda.
Lo cierto es que, a pesar del espíritu europeísta de los tratados y acuerdos en materia económica que señalan con claridad que Grecia debe ser rescatada por sus socios europeos, Alemania y Reino Unido se muestran reticentes a afrontar estas ayudas. Detrás de los rodeos y los
vagos argumentos se esconden otras razones por las que las dos potencias europeas se niegan a echar una mano a su socio europeo.
Las elecciones regionales del próximo 9 de mayo pueden estar detrás de la excusa alemana. Mientras la canciller
Angela Merkel esgrime razones estructurales y económicas para demorar las ayudas, lo cierto es que en apenas dos semanas su partido se juega los comicios del potente land de
Renania del Norte-Westfalia, el motor económico y financiero del país germano y que a día de hoy está en manos Merkel gracias a la coalición entre conservadores y liberales.
Asimismo, si Angela Merkel aprobara el paquete de medidas destinadas a ayudar a Grecia se enfrentaría al
86 por ciento de sus compatriotas que se muestran contrarios a las mismas en la precaria situación mundial que se está viviendo y tras haberse demostrado la pésima gestión helena y las reiteradas manipulaciones de sus cuentas para evitar el desastre. Esta decisión podría costarle las elecciones regionales y puede que el coste político a medio y largo plazo fuese aún mayor.
De izqda. a dcha.: Angela Merkel (Ale.), Giorgios Papandreu (Gre.) y Gordon Brown (RU).
De izqda. a dcha.: Angela Merkel, Giorgios Papandreu y Gordon Brown.Por otro lado, su todavía homólogo británico, el laborista
Gordon Brown, está inmerso en plena campaña electoral de unos
comicios generales que tiene prácticamente perdidos. De aprobar unas medidas económicas destinadas a ayudar a un país europeo, teniendo en cuenta el tradicional euroesceptisicmo del electorado de las islas, esto supondría la puntilla a la difícil candidatura laborista.
A pesar de ser un convencido europeísta, llegando a romper su promesa de someter el Tratado de Lisboa a un referéndum popular para su ratificación sabedor de las reticencias de los británicos al texto 'constitucional', Brown no quiere supeditar las pocas posibilidades que le quedan para las elecciones del 6 de mayo a una decisión que bien podría tomarla el más que probable próximo primer ministro,
David Cameron, si no fuera por su declarada alergia a todo lo que venga de Bruselas.