Alicia Huerta | Miércoles 28 de abril de 2010
Nos vamos descaradamente a pique, pero aún sigue pareciéndonos más importante pelearnos entre nosotros por quién mató al abuelo de quién y en qué siniestra cuneta reposa el polvo de sus restos desde hace más de setenta años, o por qué un determinado juez con ganas de estrellato no puede pasarse por el arco del triunfo una ley de amnistía y juzgar algo para lo que no tiene competencia. Que ahora ya no estamos de acuerdo con lo de borrón y cuenta nueva, bueno, pero, ¿no podríamos dejar la discusión para luego? Por ejemplo, para cuando la nómina vuelva a entrar puntual en casa y volvamos a hacer esos planes tan propios de las sociedades acomodadas.
El paro ya ha alcanzado la “inalcanzable” cifra del 20%, no cesan de cerrar los negocios, algunos regentados por varias generaciones de la misma familia, y por mucho que se empeñe Zapatero con su palabrería, rayando en cruel tomadura de pelo, no hay ni rastro de brotes verdes ni amarillos. Y, sin embargo, en este país, cuando llega una soleada tarde de sábado, si la gente sale unida a las calles para pedir algo a sus gobernantes, resulta que lo hace para exigir “justicia” para el juez que quería juzgar lo que, presuntamente, no debía o para todo lo contrario. Lo mismo da.
A estas alturas, las barbas del vecino griego hace tiempo que las hemos visto rapar, pero aquí el Gobierno no pone a remojo las nuestras. En los foros económicos, españoles e internacionales, nadie duda de que después del batacazo de Grecia, puede ir el de Portugal y las apuestas sólo han quedado para ver si luego será el turno de España o si Irlanda se nos adelantará. Ayer, Standard & Poors volvió rebajar la calificación de nuestra deuda, con el consiguiente impacto negativo para la credibilidad de España, al tiempo que amenaza con más recortes, pero lo único que conseguimos, en términos de acción, fue que la vicepresidenta Fernández de la Vega se apresurase a lanzar un mensaje “de confianza a la ciudadanía y de tranquilidad a los mercados”. Más le valía lanzar un S.O.S. Y al secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, sólo se le ocurrió decir que los de S & P se basan siempre en proyecciones “excepcionalmente bajas”. Y así puede que sea. En todo caso, la Bolsa, que se ríe de las declaraciones de “por favor, por favor, que no cunda el pánico” que llegan desde Moncloa, se la volvió a pegar. Y mientras los mercados vivieron su segundo día “en rojo”, Zapatero aseguró que espera que la situación vaya a mejor este mes de abril. Pero, ¿mejor del verbo mejorar?
Mientras tanto, en Portugal, donde la noticia de la rebaja de su solvencia por parte de S & P llegó un día antes que aquí, lo primero que hizo su primer ministro, el socialista José Sócrates, fue convocar con carácter de urgencia una reunión con el líder de la oposición, quien, inmediatamente después, declaró que “el interés del país está por encima de todo”, mientras que Sócrates anunciaba medidas urgentes y, sobre todo, concretas.
Y es que en situaciones de crisis, los ciudadanos deben estar unidos y, antes que ellos, los políticos, que deberían ser el ejemplo a seguir y no todo lo contrario. En Portugal, la mañana prevista para la reunión, el titular de portada del Diario Económico que incluía un manifiesto para exigir acción a quienes gobiernan, reclamaba esa unión a sus políticos con un imperativo “Pónganse de acuerdo”, advirtiendo que Portugal no está en bancarrota, pero no hay tiempo que perder.
En España tampoco deberíamos seguir esperando demasiado. Son ya muchas las vidas y los futuros que han cambiado. Quizás para siempre.
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