Isabel Sagüés | Viernes 30 de abril de 2010
Malmö y Sturup, su aeropuerto, son protagonistas recurrentes de las novelas de HennIng Mankell, el más reputado, con permiso de Stieg Larsson y su trilogía Millenium, de los novelistas suecos especializados en el género policiaco. En Ystad, a 40 kilómetros de Malmó, vive el detective kurt Wallander que acude con frecuencia a la capital de Escania siguiendo pesquisas que le permitan desentrañar el caso de turno.
Malmö es también conocida porque allí empieza o termina, según se mire, el puente de Orensund, el más largo de Europa, una espectacular e impresionante obra civil, una de las tres más importantes del mundo. El puente, de más de 16 kilómetros de largo, salva desde el año 2000 el estrecho del mismo nombre que separa Suecia de Dinamarca, concretamente Malmö de Copenhague. Gracias a esta impresionante infraestructura, Escandinavia está unida a Europa continental por carretera.
A Malmö se le puede definir de muchas maneras. Es una ciudad antigua y moderna, una urbe atractiva, cosmopolita, futurista, culta, que crece al borde del mar Báltico. La tercera ciudad en habitantes de Suecia, un gran centro comercial y marítimo durante ocho siglos, con una atmósfera continental en la que el pasado y el futuro se dan la mano. Una urbe que cuida su legado histórico, al tiempo que apuesta por la modernidad, el diseño y la renovación tecnológica. La inmigración ha hecho de Malmö una ciudad multicultural en la que conviven gentes de más de 150 países que hablan más de cien lenguas. Una ciudad que ha apostado por la Universidad, la gente joven, el conocimiento y, sobre todo, por el medio ambiente. Se puede definir Malmö como una ciudad ecológica, y, aunque una crónica de viajes no es lugar adecuado para preguntarse sobre la esencia del adjetivo, podemos calificarla asimismo como sostenible.
En 2001, Malmo decidió transformarse y superar la crisis económica y social derivada del fracaso de la industria naviera, que durante siglos fue su mayor sustento. Gracias a su compromiso medioambiental, mereció el título de la urbe más ecológica del mundo. Un compromiso ecológico que tuvo su particular laboratorio de pruebas en barrio de Västra Hamnen, el Puerto Occidental, que se construyó sobre una zona costera abandonada en la que se levantaban almacenes marítimos y antiguos astillero. Un lugar ideal para crear un proyecto urbanístico planificado, innovador, con una arquitectura de la más rabiosa actualidad, con soluciones medioambientales pioneras. La eficacia sueca al servicio de la sostenibilidad
Västra Hamnen se ha convertido en un modelo experimental de ecociudad. Un barrio de viviendas coloristas y bioclimáticas, idílico, sofisticado, que destila vitalidad, donde se clasifican y reciclan el 70% de los residuos que genera, que utiliza fuentes de energía renovable procedentes de paneles solares y las mareas, en el que sobresalen las cubiertas ecológicas en los tejados y en el que se favorece el uso de la bicicleta y el transporte público. Un barrio bordeado por un espléndido paseo marítimo jalonado de terrazas que termina en la gran playa de Ribersborg, la Copacabana escandinava, en la que se encuentra la fantástica casa de baños Kallbadhuset, de finales del siglo XIX.
Hoy la seña de identidad más acorde con la modernidad de Malmö es el imponente turning Torso, el torso en giro o torso torcido, obra singular y extraordinaria del español Santiago Calatrava. La torre, enclavada al borde del mar, con sus 190 metros de altura, blanca, como un faro o una gigantesca vela, sobrevuela toda la ciudad. Sorprendente y distinta, un poliedro de 48 pisos de aspecto fantástico, casi una escultura, cuya estructura tubular simula el movimiento flexible de un torso humano en pleno giro sobre sí mismo, Su último piso se ha convertido en la mayor atalaya para contemplar la ciudad.
La mayor parte de su larga historia, iniciada en el siglo XI, Malmö ha sido danesa. Fue en 1658 cuando el rey Carlos Gustavo X la incorporó a la corona sueca. Un canal rodea la parte antigua, Gamla Staden, con calles atractivas para el paseo. Allí se encuentra el legado histórico y el centro ciudadano, pequeño, amable, placentero, donde todo está al alcance de la mano. Un centro en el que hay que mencionar tres plazas: la principal, la Stortorget, rodeada por importantes edificios del siglo XIV y XV como el ayuntamiento o la casa de la Compañía de Indias, la Lila Torget -la plaza pequeña- todavía pavimentada con guijarros y rodeada por casas con listones de madera, llena de cafés, restaurantes y terrazas y, por último, la Gustav Adolfs Torg, el lugar de encuentro donde se suceden las exposiciones, ferias y festivales.
Otro edificio singular es el Malmöhus, el castillo renacentista más antiguo que se conserva en Suecia, lúgubre y protegido por un foso, que alberga cinco museos y situado al lado de un hermoso parque donde luce un molino tradicional. Además de ser uno de los bastiones de la cultura sueca, con más de treinta galerías de arte contemporáneo, museos, cines, teatros, óperas, festivales musicales, etc, Malmö llama la atención por sus parques, más de doscientos en su amplio contorno, algunos auténticos bosques.
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