Sábado 01 de mayo de 2010
Tras el fallo a favor de Uruguay de la Corte Internacional de Justicia de La Haya en el caso de la denominada ‘guerra de las papeleras’ -en donde este país se disputaba con Argentina la presencia de la planta de celulosa de Botnia a orillas del Río Uruguay- la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y su homólogo José Mujica, optaron en un encuentro bilateral en Buenos Aires entre ambos gobiernos por posar sonrientes antes las cámaras y “pasar pagina” a siete años de litigio internacional que parecía interminable.
En un alarde de correcta diplomacia, Fernández se quedó con las ganas de una “disculpa oficial” por parte del mandatario uruguayo, mientras éste le enviaba un “gigantesco abrazo” y un simbólico gracias en nombre de Uruguay a su vecino.
Todo a punta que el dictamen de La Haya zanja la polémica medioambiental y fronteriza que tantas tensiones generó en la agenda bilateral de estos dos países. Es evidente que para ambos Ejecutivos el conflicto papelero ya es historia, por lo que no les queda de otra que encausar el diálogo y fortalecer las complejas relaciones que los ha unido a lo largo de su historia.
Una postura no del todo compartida por organizaciones y grupos ecologistas argentinos y uruguayos, los cuales no dan por terminada la ‘guerra de las papeleras’ y sus implicaciones: desde hace tres años mantienen bloqueado el puente fronterizo que une Gualeguaychú con Fray Bentos, en rechazo a la planta de celulosa, en un río que marca la frontera natural entre ambos países. El puente supone un importante obstáculo en la búsqueda de una solución política a un conflicto que ha durado siete años y que apunta a prolongarse un tiempo más, si bien a una escala más doméstica, no por ello menos engorrosa para dos gobiernos que dan claras señales de que están cansados de pelear.