Opinión

Al Qaeda en Times Square

Martes 04 de mayo de 2010
Que la osadía del terrorismo islámico no parece conocer límites es algo que ya se sabía. Hace pocas fechas intentaron explosionar en pleno vuelo un aparato sobre Detroit, burlando para ello las teóricamente eficaces medidas de seguridad aeroportuarias implementadas a partir del 11-S. Pero por si esto fuera poco, este pasado fin de semana un coche bomba estuvo a punto de estallar en Times Square, el corazón de Nueva York. Bien es verdad que el artefacto en cuestión era algo rudimentario, pero dice mucho de la peligrosidad de este tipo de terrorismo el hecho de que intentasen atentar en un lugar tan vigilado. Claro que, de haber tenido éxito, la repercusión y sus ulteriores consecuencias habrían sido imprevisibles.

Sea como fuere, esta nueva intentona terrorista pone de manifiesto la importancia de misiones como la que la coalición internacional está llevando a cabo en Afganistán. Sobre todo, por el hecho de que quienes pretenden sembrar Occidente de muerte y destrucción sepan que no sólo no pueden hacerlo impunemente, sino que ni en su propia casa estarán seguros: cuanto más acosados, más esfuerzos tendrán que dedicar a protegerse y menos a planear atentados. No en vano, han sido los talibanes paquistaníes quienes han reivindicado la acción. Que acabe acreditándose o no su autoría es otra cuestión, pero de lo que no hay duda es de su intención, y eso es lo que cuenta. Esta vez ha sido Times Square, pero podría haber pasado en cualquier parte del mundo. Se trata de una amenaza global, y como tal debe ser tenida en consideración. Puede que las medidas de seguridad en los aeropuertos resulten tediosas y que haya quien se plantee la necesidad de tener desplazado un contingente tan importante en Afganistán. Pero es el precio de la libertad y la seguridad. Bien lo saben en Nueva York, Madrid o Londres.

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