Antonio Meza Estrada | Miércoles 05 de mayo de 2010
Hace unos días el Presidente Estadounidense hizo público su programa educativo. Y la presentación no puede ser más emblemática ya que ocurrió en un evento con la Cámara de Comercio Hispana de ese país. Este suceso es altamente relevante para nosotros los mexicanos por nuestra vinculación con lo que allá se conoce como “hispanos”, quienes mayoritariamente son mexicanos o descendientes de mexicanos –algunos hablan de treinta millones de personas en conjunto y cuarenta si se agrupan a los hispanos de otros orígenes no mexicanos-. Relevante también lo es por el hecho de que, siendo EU nuestro vecino y socio comercial, compartimos con esa nación también algunos de los problemas educativos de nuestro tiempo.
La búsqueda de la llamada eficiencia educativa, es planteada en su discurso básicamente por dos medidas concretas. Una, anuncia su intención de patrocinar a través del gobierno federal más en número y con mayores recursos las llamadas “charter schools” –escuelas semiprivadas al margen de la sindicalización pero en el mismo “mainstream” o legislación educativa de carácter público-.
Obama me da la oportunidad de conversarles de una escuela “por cooperación” que un grupo de maestros fundamos a principios de los años setenta, un poco como un esfuerzo para mitigar la limitada matricula pública y otro tanto, como una oportunidad de docentes recién egresados para crearnos una fuente de trabajo. Ese modelo, apadrinado por el sindicato pero no regido por ellos y linealmente guiado por la Secretaria de Educación local, es sin duda alguna el mejor modelo nuestro de lo que pueden ser –porque ya lo han sido-, las escuelas charter o bien, escuelas autónomas, por buscar un nombre en nuestra terminología.
Los padres de familia eran nuestros censores y asesores; gestores y promotores, financieros y auditores. El gobierno nos subvencionada con una modesta aportación mensual y nominalmente éramos miembros del sindicato. Por cierto, cuando éste intentó negociar al margen de las 55 escuelas por cooperación que éramos entonces, se armó una sui generis huelga en contra de esa intervención.
La otra propuesta del programa anunciado por Obama a fines de marzo, –de la cual he sido apóstol irredento por varios lustros- consiste en incrementar el número de horas de clase efectivas, a las cuales estén expuestos los alumnos de la educación básica. Y obsérvese, no digo incrementar la jornada laboral de los docentes, sino el tiempo de trabajo escolar de los educandos.
Esto lo viví en mis años de docente en un ejido del valle de Mexicali, donde escasamente mis alumnos del cuarto grado de primaria eran atendidos cuatro horas al día, menos el recreo. Y al paso de los años, cuando estuve como profesor visitante en el Departamento de Educación de California en Sacramento o en Yokohama con el Ministerio local de educación de Kanagawa, comprendí la gran diferencia. Mientras que por Ley nuestros niños y jóvenes atienden 800 horas clase por ciclo escolar, en California son alrededor de 1600 y en el Japón que yo visité, eran 2400! Vaya desigualdad. Continuará….
ameza@mexico.com
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