Opinión

Más fuego griego

Jueves 06 de mayo de 2010
Ese era el nombre de una solución a base de nafta utilizada en la antigüedad, cuya principal virtud era que ardía incluso sobre el agua. Y define a la perfección el estado incendiario en el que se halla sumida la sociedad helena, a propósito del plan de austeridad que su gobierno debe aplicar si quiere que el país siga siendo viable. La contestación social ha llegado este miércoles al extremo de causar tres víctimas mortales, como consecuencia de un incendio provocado por manifestantes de izquierda que se oponían a las inevitables reformas. Nada justifica la muerte de una persona, absolutamente nada. Y menos aún si quien pierde la vida no tiene culpa alguna de la debacle de la economía griega.

Son otros los culpables, pero eso ya poco importa. Lo realmente decisivo ahora para Grecia es adaptarse cuanto antes a las draconianas medidas que han de implementarse para evitar el colapso económico. Son duras, y es normal que no gusten, pero de ahí a que por extralimitarse a la hora de manifestar descontento pierda la vida gente inocente media un abismo. La poca o mucha razón que pudieran tener los manifestantes que provocaron el fuego queda totalmente fuera de lugar en el momento en el que se producen víctimas mortales. Desgraciadamente, no es la primera vez que se producen hechos de este tipo. Hace poco más de un año, también en Grecia perdió la vida un joven manifestante radical en el fragor de un altercado con los antidisturbios. Los llamados grupos antisistema y de izquierda radical deberían hacer una seria reflexión acerca de la idoneidad de sus métodos de protesta. Puede que algunas de sus causas sean defendibles, pero lo que no es admisible bajo ningún concepto es la violencia. Y ellos la practican con pasmosa impunidad.

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