Opinión

Mala educación en España

Sábado 08 de mayo de 2010
Finalmente no ha sido posible. El fracaso del pacto de Estado en materia educativa es una mala noticia para todos aunque, a la vista de lo que había sobre la mesa, quizá sea lo menos malo. Inicialmente, las perspectivas invitaban a la esperanza, toda vez que el talante del ministro Gabilondo hacía pensar en un posible entendimiento. Pero una de dos, o bien su margen de maniobra era escaso, o bien sus modos amables escondían un inmovilismo fruto del sometimiento al señor Zapatero nada bueno a la hora de dialogar. Lo único cierto es que su cerrazón -o más bien la de su jefe- ha dado al traste con el acuerdo.

Es un hecho que la educación en España necesita mejorar, dicho en términos escolares. Uno de los primeros problemas es la transferencia de competencias a las comunidades autónomas, lo que dificulta en gran medida una gestión homogénea imprescindible para tener éxito. Tres son los puntos en los que PP y PSOE no han podido ponerse de acuerdo: que prevalezca el derecho de los padres a escolarizar a sus hijos en la lengua que deseen, reforzar la autoridad del profesor y fomentar la cultura del esfuerzo y mérito en detrimento de la del “todo vale”. Tres aspectos que el PSOE se ha negado a abordar, tanto por absurdos complejos conceptuales como por el miedo a no incomodar a los nacionalistas. Un PSOE que, en palabras del ministro Gabilondo, se apresurará ahora a trabajar con quienes sí apoyarán su proyecto: nacionalistas y radicales de izquierda. Dicho apoyo no será gratuito, aunque tampoco da la impresión que los socialistas se vayan a mostrar demasiado reacios a pagar el precio que sea. Por otra parte, una vez más la comparación es grotesca: hablar de consenso sólo tiene sentido si se entiende como acuerdo entre los dos grandes partidos, cada uno de los cuales representa 40% del electorado y unos diez millones de votos: nada comparable al millón y pico de los partidos nacionalistas y radicales.

O lo que es lo mismo, seguiremos con una educación provinciana que bloquea la libre elección de la lengua (un principio democrático elemental) y ataca al castellano, en lugar de proteger a las lenguas vernáculas vía positiva, los docentes -excepción hecha de la Comunidad de Madrid- continuarán perdiendo una autoridad cada vez más devaluada, y la falta de exigencia a la hora de pasar de curso se traducirá en que continuemos en el pelotón de cabeza de fracaso escolar europeo. Eso es lo que hay hasta ahora, y eso es lo que el PSOE parece empeñado en perpetuar. Lo peor no es su obcecación, sino que el dislate lo pagarán las futuras generaciones, a las que se está hurtando su derecho a labrarse un futuro como es debido.

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