Opinión

El fantoche de la Unasur

Sábado 08 de mayo de 2010
La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) fue la gran protagonista de esta semana, no sólo por elegir a su secretario general, cuyo cargo recayó en manos del ex presidente argentino Néstor Kirchner, quien le precede una reputación de dudosa “transparencia” tras los escándalos de corrupción que le acechan. La reunión también se hizo un nombre por el “berrinche” de un importante grupo de mandatarios de este bloque que amenazó con boicotear la cumbre de la Unión Europea, América Latina y el Caribe a realizarse este próximo 18 de mayo en Madrid, si el presidente de Honduras, Porfirio Lobo asistía el evento.

Si bien la investidura de Lobo no ha sido reconocida por el pleno de la comunidad internacional, lo cierto es que fue electo democráticamente por el pueblo hondureño. Un hecho que organismos internacionales como las Naciones Unidas o la Organización de Estados Americanos (OEA), no se han atrevido a cuestionar, en especial éste último, cuyo secretario general, José Miguel Insulza, llegó a asegurar que es momento de considerar el retorno de Honduras al sistema interamericano.

No obstante en una Sur América dominada por el espíritu populista de muchos de sus gobernantes, la decisión de España, en calidad de presidente de la UE, de invitar a Lobo a la cumbre, no les gustó mucho. Por lo que haciendo alarde de una diplomacia burda los miembros de los países de la Unasur,-con contadas excepciones como Perú o Colombia-, amenazaron con boicotear con su ausencia el encuentro.

El gesto más que otorgarle peso y credibilidad a esta organización que busca la cohesión de las naciones sudamericanas, la dejó muy mal parada. Primero porque la Unasur no tiene competencia para decidir sobre la exclusión o no de Honduras, ya que dentro de la región, hay países que apoyan y reconoce el gobierno de Lobo. Segundo, el organismo no tiene potestad para boicotear una cumbre internacional de este calibre, ya que no se trata de un encuentro doméstico. Y tercero, las amenazas de ausencias de los mandatarios de Argentina, Ecuador, Bolivia, Venezuela y Brasil, más que una advertencia terminaron siendo una “pataleta” que deja a Unasur no como una institución política-territorial de influencia para el hemisferio, sino como un fantoche de la precaria y mediocre diplomacia que tristemente se está viendo en las tierras de Bolívar, Miranda o San Martín.

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