Antonio Meza Estrada | Domingo 09 de mayo de 2010
Releyendo el discurso mediante el cual el Presidente Obama anuncia su programa educativo hace unas semanas, me salta a la vista cuando hablando de la necesidad de ampliar el número de horas del ciclo lectivo, señala que la medida no es popular en el ámbito de su familia y concretamente con sus dos hijas, Sasha y Malia, estudiantes de educación básica.
Viene a mi mente una anécdota de la cual fui testigo y que al paso de los años hizo suya el Dr. Jorge A. Bustamante en sus charlas y presentaciones académicas. Todo sucedió en Japón, en la poderosa locomotora que era esa economía a fines de los años ochentas. El todo poderoso Premier, aconsejado por economistas ortodoxos planteó la conveniencia de disminuir los días lectivos del ciclo escolar de educación básica, a fin de eliminar las sesiones docentes los sábados y de esta manera, estimular la demanda interna en varios sentidos. Los padres dispondrían de más tiempo para salir a hacer turismo interno dentro del país en compañía de sus hijos. También, las familias visitarían mas tiempo los centros comerciales y se reactivaría el gasto vs esa mala costumbre de los japoneses de ahorrar y ahorrar. Los eventos deportivos tendrían mayor audiencia y se gastaría más dinero al ir a estadios y ver por televisión los partidos de sumo, beisbol, futbol o baloncesto.
Sin embargo la ortodoxia de la academia chocó contra una realidad impensable y profundamente enraizada en esa cultura milenaria. La educación es un patrimonio de padres a hijos, y cerrando la escuela los sábados, los niños y jóvenes saldrían menos preparados a los ojos de sus padres y tutores. Por que el gobierno iba a quitarles la escuela los sábados y para impedirlo salieron a la calle y se pronunciaron ruidosamente por los medios a su alcance.
Todo termino con una negociación. Permanecerían las clases un sábado sí y otro no, esto, donde los padres de familia lo aceptaran. Porque hay que subrayar el notable peso y comunicación que tienen los padres en sus escuelas básicas, señaladamente la madre y su hijo en preescolar o primaria. Incluso se hable del síndrome de iyime, o sea, excesivo apego de la madre por su hijo.
Con estos dos antecedentes, el Presidente estadounidense que propone aumentar las clases y los padres japoneses que hace unos lustros se opusieron al gobierno que pretendía disminuirlas, me pregunto. ¿En cual esquina ubicaríamos a la sociedad mexicana?
No vaya a suceder que nos pasa de noche y ni siquiera sale el tema a la palestra, lo cual lamentablemente, sería la peor y más miserable de nuestras reacciones frente a un tema inaplazable: preparar a nuestros niños y jóvenes en un mundo globalizado.
ameza@mexico.com
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