Opinión

Misa en la Catedral de San Patricio y la estatua de la Virgen bombardeada

Hidehito Higashitani | Lunes 10 de mayo de 2010
Acaba de empezar en Nueva York la Conferencia de Revisión del Tratado de No Proliferación Nuclear (NPT) con la participación de más de 180 países del mundo. El Tratado, como es bien sabido, pretende evitar una posible guerra nuclear por limitar la posesión del armamento nuclear únicamente en los llamados ‘Estados Nuclearmente Armamados’ –Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China- y promover así el desarme y el uso pacífico de la energía nuclear en el mundo.?El Tratado se revisa cada cinco años en estas reuniones llamadas en inglés “Review Conferences”.

Con el mismo deseo de ‘no proliferación nuclear’ y haciendo coincidir con la apertura de la Conferencia, estuvo en Nueva York en la primera semana de mayo el arzobispo de la ciudad japonesa de Nagasaki, Mitsuaki Takami con la cabeza de la conocida estatua de la Virgen, destrozada por la bomba atómica en 1945. Uno de los objetivos principales de su visita a Nueva York era entrevistarse con el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, para hacer el llamamiento general al mundo entero por la paz y por la eleminación total de las armas nucleares y oficiar una misa con la exposición de la cabeza de la Virgen ante los ciudadanos neoyorquinos como símbolo de paz.

La estatua original realizada en madera medía dos metros de altura y fue traída originalmente de Italia a Nagasaki en barco hacia 1930 para ser colocada en el altar de la Catedral Urakami de Nagasaki. Pero en agosto de 1945 el edificio se redujo a cenizas por la explosión de la bomba atómica a medio kilómetro de distancia.

Se decía que la estatua original estaba hecha ‘a imagen y semejanza’ de la figura de la Virgen del famoso cuadro de la Inmaculada Concepción del pintor español Bartolomé Esteban Murillo y por su belleza serena y elegante fue venerada y querida por todos los fieles de Nagasaki hasta el fatal destrozo en la guerra. La cabeza de la estatua, rescatada entre los escombros después del bombardeo, tiene unos 26 centímetros de largo con la mejilla derecha quemada y con los dos huecos de los ojos donde originalmente estaban colocados unos cristales de roca.

La misa se celebró el domingo 2 de mayo en la Catedral de San Patricio de Nueva York situada en la Quinta Avenida y la cabeza se expuso por primera vez en Estados Unidos ante el público asistente al acto. La iglesia estaba llena con más de mil personas. En el transcurso de la misa el arzobispo de Nagasaki manifestó su deseo de que muchas personas del mundo conocieran el sufrimiento causado por el bombardeo atómico y que la imagen de la Virgen se convirtiera en un símbolo de paz.

Monseñor Takami, de 64 años de edad, es de una familia tradicionalmente católica que ha venido manteniendo la fe cristiana por cuatrocientos años desde la época de la introducción del cristianismo a Japón por San Francisco Javier y pertenece al clan de los antiguos ‘cristianos escondidos’ que mantuvieron fielmente sus creencias, amenazadas por la durísima persecusión del cristianismo en la época feudal.

En agosto de 1945, él mismo recibió la radiacion de la bomba atómica estando todavía dentro del vientre de su madre y creció rodeado de los familiares y parroquianos que sufrían las consecuencias de la explosión de la bomba.

Su mayor preocupación y duda al planear esta visita a Nueva York era, comenta él ahora, si su visita con la estatua iba a ser recibida con agrado por la gente del país que había lanzado la bomba atómica sobre su ciudad. Pero parece que se le disipó felizmente la duda cuando comprobó que le recibían con aplauso los asistentes a la misa y que le animaban con el cordial saludo de bienvenida.

“El lanzamiento de las dos bombas sobre Hiroshima y Nagasaki sirvió para hacer terminar definitivamente la segunda guerra mundial y de esta forma pudo salvar muchas vidas que de seguir la guerra habrían sido perdidas inútilmente.” Este ha sido hasta hace poco el argumento oficial utilizado por los ciudadanos americanos para justificar el uso de la bomba atómica y enseñado en las escuelas a los escolares. Reconozco que quizás este argumento pueda explicarnos una parte de la verdad.

Pero hoy en día también es verdad que existen miles de armas nucleares que es el legado más peligroso de la guerra fría y que una bomba explosionada en una ciudad podría matar en un instante a cientos de miles de personas como bien advirtió hace un año en Praga el propio presidente del país que había lanzado las dos bombas atómicas hace más de 60 años. Creo que es importante ahora más que nunca que escuchemos con atención la voz de conciencia que levantan estas víctimas directas de la tragedia bélica incluida la de la pequeña estatua de la Virgen de Nagasaki.

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