Martes 11 de mayo de 2010
Algo en lo que la mayor parte de venezolanos suele coincidir es que la llegada de Chávez al poder ha redundado en un enorme descenso de la calidad de vida en el país. La inseguridad se ha disparado hasta límites nunca vistos, la economía va de mal en peor y el recorte de libertades públicas va ganado más terreno. Cada día que pasa se conoce un dato aún peor que el del anterior; el último, que una conocida cadena de hamburgueserías no puede servir carne de cerdo o de vacuno, sencillamente porque no hay. El problema está en que Chávez ha expropiado una gran cantidad de haciendas ganaderas para ponerlas en manos de sus amigos quienes, como era de prever, no han continuado con una explotación responsable sino que se han dedicado a esquilmarlas hasta llevarlas a la ruina.
Es sólo un dato más de un país con una ingente cantidad de recursos naturales, despilfarrados por un Chávez que está laminando de los puestos clave en todos los sectores a todos aquellos con un mínimo de raciocinio. Ya pasó lo mismo en PDVSA, la petrolera estatal venezolana, donde ingenieros, técnicos y economistas fueron removidos para poner en su lugar a peones del régimen que han llevado a la entidad a una situación que sólo se sostiene por las enormes reservas de crudo del país, pero no por la competencia de quines ahora mandan en ella. Y pobre del que se atreva a denunciar públicamente la situación de Venezuela; máxime ahora, con las “brigadas informativas” puestas en funcionamiento por Chávez para amordazar a la prensa. Pocas veces un país se ha devaluado tanto como Venezuela con Chávez. Y lo peor es que el caudillo bolivariano tiene a demasiada gente que le baila el agua como para que se le tome realmente en serio.
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