Beatriz Reyes Nevares | Martes 11 de mayo de 2010
Viajes y más viajes, encuestas y más encuestas. No es privativo de mi país, pero parecería que en lugar de estar en su sitio, meditar, gobernar, hacer política, el tiempo se pasa en giras nacionales, internacionales vistas oficiales, visitas de estado, encuentros tan breves que la agenda no llega posiblemente ni al primer tema, no digamos a lo medular. Desde luego es muy importante, estar en el escenario mundial, pero no está el horno para bollos. Para consultarle al pueblo de México, si Calderón debe ir o no al partido inaugural de fútbol. Como si Sudáfrica estuviera a la vuelta de la esquina, como si la selección integrada por unos medrosos, ratones verdes como su camiseta jugara como los españoles, los italianos y argentinos. El puro negocio de siempre de los directivos de la FIFA y de la nada respetable federación mexicana. Los únicos que ganarán, eso podemos estar seguros son los dueños de las televisoras y los anunciantes, que abusarán, una vez más de la idolatría que fabrican para el público y vuelven héroes fugaces a unos cuántos. El fútbol es nuestro deporte, nos llegó con los españoles de los años treintas y cuarentas, es nuestro deporte, por desgracia, ahora es, un asco.
Este terrible año de elecciones estatales, en estados de enorme riesgo por la violencia que campea a sus anchas, que no es creíble que de una tregua, para que se disfrute sanamente, en la medida de lo posible el fútbol sino que seguirá pese a los grandes decomisos, detenciones de capos de las diferentes mafias que no impresionan a nadie, ninguno creé nada. Con la escandalera que se ha formado por Marcial Maciel, con crímenes horrendos, que no se han resueltos y otros que en cuestión de minutos, como por arte de magia al presunto responsable no es para decepcionarse, es para el horror. Por otro lado, la economía, según los muy optimistas funcionarios. Al igual que el empleo, van muy, pero muy bien.
Que se los crea su abuela si es que tienen, y la política en el mismo tenor. En estado catatónico, en la miseria de ideas y de propuestas, en la inopia, pese a los también optimistas que lo ven todo color de rosa y no como es en realidad color de hormiga, dentro de un mes estaremos pegados al televisor, en las cantinas, restaurantes, bares, o en casa. Dentro de poco menos de sesenta días, en pleno proceso electoral. Enseguida, las protestas, acudir a tribunales locales o federales y a pelear de nueva cuenta.
El mitote del bicentenario de la Independencia y del centenario de la Revolución, servirá para entretener otro ratito. Y la resaca, la terrible, dura, descarnada realidad, nos enfrentará a las fiestas navideñas. Otra vez la burra al trigo, acabándola de echar. Al cabo en el país no pasa nada, ni se resuelva nada. No nos tomamos en serio ni a nosotros mismos. Ojalá que los pocos que piensan, que aman este país ayuden, luchen. Hagan reflexionar. No solo a los gobernantes, ni a los dirigentes de la partidocracia, también urge que el ciudadano tome conciencia.
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