SAN ISIDRO 2010
Sábado 15 de mayo de 2010
Ni escotes. Ni tobillos al aire. Esos tobillos finos que lo indican todo de una pierna y de más arriba, con tu tatoo o sin él. Aún no se si la dama del dos lleva el lunar donde yo lo recuerdo desde la feria pasada. No hay chance para la primavera de primeros andares libres marcados en los vestidos.
Hace tanto frío que las parejas se ceden el moquero con la mano acarambanada en lugar de hacer travesuras bajo las prendas de desvestir. Hacer travesuras bajo las prendas en Las Ventas es trabajoso y arriesgado. Camiseta, abrigo, botones y bufandas. Este frío está matando, además de la líbido, el amor en la piedra de Las Ventas, hoy rebosante por vez primera. Y la afición, si no se está matando, se congela. Como la terna de hoy, que le faltó primavera y se contagió de este frío ucraniano frente a una corrida de Alcurrucén que exigió deshielo de corazones. Un carajillo, al menos. Del embroque para adelante pidieron quemar las naves.
Desigual de tipo y serios de cara, de pintas primaverales de pasarela (colorados ojos de perdiz, negros bragados, menos, corridos, girones, calcetero y hasta coletero uno), la corrida de Alcurrucén tuvo dos condenas. Una en la sentencia del viento, que obligó a marcar terrenos cerrados al abrigo de las tablas cuando pidió ser lidiada en los medios o el tercio. Otra, cierto contagio del hielo en las muletas. De los lidiados, el segundo exigió mucho desde el embroque hacia delante y el quinto fue toro muy válido para Madrid. Fue la pareja de El Cid. El tercero pidió cercanía en cites y provocarlo con los vuelos por un buen pitón izquierdo y el sexto tuvo arrancadas fuertes y humilladas yendo a menos. Lote de Tendero. El cuarto, de menos cuajo y cuerpo más “aniñado”, pero enseñando las puntas por delante, no tuvo clase en una movilidad corta y sin ritmo y el sobrero de El Torreón, algo zancudo, tuvo buena condición pero escasa fuerza. Par en suerte de Uceda Leal.
Fue tambièn corrida sin inercia, de enganchar. El toro de nuñez a veces parece dos. Uno hasta el embroque, al ir, y otro desde allí, donde parece quedarse. Unos se quedan y otros la siguen hasta el final, pero enganchados. Y casi siempre por abajo. Toros así pesan mucho en los terrenos de adentro, y la corrida ahí pesó, el bueno y el malo. Y entre ellos, el quinto, un toro cumplido, de lomo recto, astifino, fino de cabos, algo lavado de cara y al que cabían más kilos, que tuvo esa transmisión de embestida seria que cala en Madrid. Lo lanceó bien El Cid, animado por la grada, quitó por el pitón derecho antes de que el toros e hiciera el amo en banderillas, pero apuntando embestidas por abajo. Con la mano derecha comenzó el torero con buena actitud y ánimo en tres tandas con la derecha ligadas, mejor las dos primeras.
A la que se calzó el guante en la zurda de oro, la faena se deslució en tropiezos y escasa ligazón. Eso provocó el desánimo en el público y quizá en el torero, que hizo una faena de mas a menos, ilusionante en el primer tramo, de esfuerzo, y despeñada al final. El Público ya le había mandado una primavera de cariños al valorarle al alza dos verónicas y una media en el saludo al segundo, toro de embestida y viaje corto por los dos pitones, cuestión que resolvió el torero perdiendo pasos entre pase y pase, con la convicción de saber que se sacaba poco de ese pozo, en una faena de escaso fuste pues no tuvo el toro la condición ni el fondo del quinto. A éste lo apioló de dos pinchazos, estocada y descabello y al quinto de una receta de acero en los bajos.
Hubo otro toro de posibilidad, el tercero. Lleno y bajo de agujas, de pelo muy en lo de nuñez, que tuvo un pitón izquierdo que pidió citar en cercanía y con los vuelos en el hocico. Y desde ahí, enganchar y tirar de él. Dos tandas buenas le pegó Tendero por ese lado, en una faena de subidas y bajas en intensidad e interés. El sexo tuvo hechuras de señor toro, por cuajo y remate terminado en una cara que salía de sienes estrechas. Un tío que echó la cara palante y para arriba, con mucha plaza. Se movió al principio con la vista torcida, para ir rompiendo poco a poco y llegar a la muleta con embestidas fuertes y humilladas por el pitón derecho. Dos tandas le ligó el torero con eco en el tendido, por abajo, el trazo largo. A partir de ahí se frenó el deshielo, el toro acortó viaje poco a poco y al torero y al público le llegó de nuevo la congeladera.
Era toro de buena condición el primero, que regresó a los chiqueros por claudicar. El sobrero de El Torreón, noble y sin clase, se vino queriendo sin poder. Es decir, como Uceda no lo podía obligar, nunca se iba de la muleta y, además, perdía las manos en ese celo a su aire. Se puso muy pronto a lidiar al cuarto, que se echó a los lomos al banderillero Antoñares. Si hubo plan de faena aquél se desdibujó en tandas de trazo espeso frente a un toro sin clase, sin ritmo, que fue y vino hasta venirse abajo. A los dos los mandó a las mulillas de estocada marca de la casa.
Dos horas de corrida entre carámbanos de viento, con la primavera que espera a que le den paso y con ella sepamos todos si la señora del dos, estupenda y de andares cumbres tiene el lunar en el mismo lugar donde se le recuerda desde la feria pasada.
Noveno festejo de la Feria San Isidro 2010
Plaza de toros de Las Ventas. Lleno de No Hay Billetes. Se han lidiado cinco toros de Alcurrucén, bien presentados, de variadas hechuras y pelajes. Fueron, en general, nobles y exigentes. Destacó el sexto, que se movió largo y con clase. Uceda Leal, silencio y silencio; El Cid, silencio y pitos y Miguel Tendero, silencio y silencio.
TEMAS RELACIONADOS: