Sábado 15 de mayo de 2010
Es vox populi la empatía que une a los gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y su homólogo Hugo Chávez. Una amistad diplomática que ha quedado guardada para la posteridad gracias a un amplio archivo fotográfico protagonizado por el denominado caudillo suramericano y la almidonada mandataria.
Sin embargo dicho idilio parece ser más de forma que de fondo, ya que se ha visto empañado por el último escándalo que ha salpicado a las bases del kirchnerismo a causa de a difusión una serie los correos enviados por la Embajada de Argentina en Venezuela a Fernández, en donde se desvela que los empresarios argentinos son objeto de supuestos los sobornos por parte de las autoridades venezolanas para poder exportar sus productos a ese país. Un pirata informático fue el responsable de detonar el bombazo informativo al acceder a los e-mails personales de la embajadora Alicia Castro, en los que se plantean la irregularidad que existe en el trato comercial entre Argentina y Venezuela, incluso desde la legislatura anterior: la de Néstor Kirchner.
Si bien el Ejecutivo argentino ha tratado salir del paso de la mejor manera posible, absteniéndose de emitir cualquier comunicado al respecto, el propio ministro de Exteriores, Jorge Taiana ha reconocido la veracidad de los correos, lo que deja al descubierto el verdadero fondo y no la forma de las relaciones bilaterales entre sendos países.
Asimismo, el escándalo ha quedado aún más descubierto cuando el ex agregado comercial de la embajada argentina en Caracas, Alberto Álvarez Tufillo, afirmó ante un juez que el ministro de Planificación Federal (Fomento) argentino, Julio de Vido, dirigía junto a otros funcionarios públicos una red de cobros de comisiones a empresarios argentinos que querían hacer negocios en Venezuela.
Por lo visto el carácter bilateral de los acuerdos diplomáticos y comerciales entre el kirchnerismo y el chavismo, no están concebidos para beneficiar el desarrollo de sendos estados como se nos quieres hacer ver, sino para satisfacer simplemente intereses de particulares. Mientras en el país austral se va destapando la olla de la corrupción, en Venezuela se busca disfrazarla a punta de “paños calientes” como si nada estuviese ocurriendo.
Este incidente más que indignación, despierta un penoso sentimiento de vergüenza ajena ante la doble moral y el precario ejercicio de la gobernanza que se observa en algunos países de América Latina. Una región en donde ser político o funcionario del Estado es una alternativa para llenarse los bolsillos de dinero fácil.
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